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26 de noviembre de 2016

Hablemos de amor...


“Cuando seas mayor y formes una familia sabrás lo que es tener felicidad plena”... He escuchado tantas veces esta frase que he llegado a creérmela. Vivimos condenados en una sociedad en la que la palabra felicidad está agarrada de la mano a la palabra compromiso, unidad familiar, compañero o compañera de vida y por supuesto descendencia. Parece ser que solo así conseguiremos ser felices plenamente, sin darnos  la oportunidad de crear nuestra propia felicidad y condicionándonos a la maternidad. Por todo esto, nos hacen ver que si llega los 30 y nos vemos viviendo solos sin ningún perro que nos ladre, seremos personas infelices, inseguras y escasas de amor. Por ello nos autoconvencernos de que lo mejor es estar enamorado al precio que sea.

Nos pasamos la vida buscando el amor verdadero pensando que solo nos enamoramos una vez en la vida y que aquella persona merece ser dueño de ella. Convencidos de que es la persona correcta y que si la elegimos, no hay vuelta atrás. A partir de ahí empezamos a construir un futuro que tal vez sea mejor de lo que esperábamos o quizás resulta ser frustrante, porque no es lo que elegimos sino lo que eligieron por nosotros. “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”.

Sentir que tienes una persona que nos complementa es maravilloso, porque no es cierto que lo polos opuestos se atraigan (ni siquiera la “fórmula dos en uno”), ya que es imposible que dos personas que no tengan nada en común (pensamiento, ideas, proyecto de vida…)  puedan ser felices complementándose, porque aunque nos empeñemos en que nos puede aportar lo que nos “falta”  los caracteres chocan y no se entienden. Pero tampoco es cierto el ideal de ser dos personas pensando igual, actuando igual… ya que eso nos anula como persona, perdemos nuestra entidad, nuestra esencia. Solo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.
Estar enamorado es algo indescriptible y cada persona lo siente de una forma diferente; es algo que surge sin ser forzado. Se caracteriza por una alegría desbordada, que comienza con una fuerte atracción física hacia la otra persona y que se manifiesta a través del cuerpo, caricias, besos… de modo que que poco a poco vas conociendo el interior de la otra persona, la manera de pensar, actuar… El estar enamorado puede surgir de la noche  a la mañana. Soy completamente partidaria de que te puedes enamorar “a simple vista” como dicen por ahí; que ya luego funcione es hablar de otra tema. Y también está quien se enamora a largo plazo, que desde mi punto de vista es un enamoramiento más sincero y verdadero, ya que conocemos a la otra persona en todas sus “etapas”.

También hay que saber aceptar que el amor se acaba, que no es algo eterno y como viene también se va. Cuando es de mutuo acuerdo estamos ante la forma más sana de llevar una separación. Que se acabe el amor no significa que acabe el cariño, porque se han compartido muchos momentos juntos y eso no se va de nuestra memoria, queda en el recuerdo. El problema viene cuando solo acaba el amor por una de las partes, y la otra no lo entiende. No nos queda otro remedio que aceptarlo, darle libertad a la otra persona de decidir. Si realmente la queremos la dejamos ir. Pero ojalá todos pensáramos así. Pero en esta sociedad abundan las personas egoístas, que no entienden que el amor se acabe, si es posible llamarle “amor” a lo que siente aquella persona que obliga a la otra a permanecer a su lado. La manipula haciéndose la víctima. Por último nos encontramos en los casos extremos en el que amor acaba a base de golpes secos. En el que la superioridad del hombre se impone sobre la mujer menospreciándola y acabando con el poco aprecio que le queda a su víctima. Es un tema ante el que ya estamos anestesiado ( o al menos, lo parece). Vemos tanto y tantos casos de violencia de género que ya no nos asusta.

Aun así, el amor es una de las cosas más bonitas que hay en la vida, ya sea hacia nuestra pareja, nuestros familiares, amigos, mascota…Es muy importante sentirse querido; que el amor sea tolerante y que se respete la libertad individual. Tenemos y debemos seguir luchando para acabar con esta lacra social que ya se ha cobrado más vidas que la propia ETA. Porque desgraciadamente vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor…aunque la violencia se practica a plena luz del día.
Sara Guisasola Castillo, colaboradora del grupo Aequitas25