
“Cuando seas mayor y formes una familia sabrás lo que es tener felicidad plena”... He escuchado tantas veces esta frase que he llegado a creérmela. Vivimos condenados en una sociedad en la que la palabra felicidad está agarrada de la mano a la palabra compromiso, unidad familiar, compañero o compañera de vida y por supuesto descendencia. Parece ser que solo así conseguiremos ser felices plenamente, sin darnos la oportunidad de crear nuestra propia felicidad y condicionándonos a la maternidad. Por todo esto, nos hacen ver que si llega los 30 y nos vemos viviendo solos sin ningún perro que nos ladre, seremos personas infelices, inseguras y escasas de amor. Por ello nos autoconvencernos de que lo mejor es estar enamorado al precio que sea.
Nos pasamos la
vida buscando el amor verdadero pensando que solo nos enamoramos una vez en la
vida y que aquella persona merece ser dueño de ella. Convencidos de que es la
persona correcta y que si la elegimos, no hay vuelta atrás. A partir de ahí
empezamos a construir un futuro que tal vez sea mejor de lo que esperábamos o
quizás resulta ser frustrante, porque no es lo que elegimos sino lo que
eligieron por nosotros. “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la
mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la
otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida
merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos
falta”.
Sentir que
tienes una persona que nos complementa es maravilloso, porque no es cierto que
lo polos opuestos se atraigan (ni siquiera la “fórmula dos en uno”), ya que es
imposible que dos personas que no tengan nada en común (pensamiento, ideas,
proyecto de vida…) puedan ser felices complementándose, porque aunque nos empeñemos en que nos puede aportar lo que
nos “falta” los caracteres chocan y no
se entienden. Pero tampoco es cierto el ideal de ser dos personas pensando igual,
actuando igual… ya que eso nos anula como persona, perdemos nuestra entidad, nuestra
esencia. Solo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una
relación saludable.
Estar enamorado
es algo indescriptible y cada persona lo siente de una forma diferente; es algo
que surge sin ser forzado. Se caracteriza por una alegría desbordada, que
comienza con una fuerte atracción física hacia la otra persona y que se
manifiesta a través del cuerpo, caricias, besos… de modo que que poco a poco vas
conociendo el interior de la otra persona, la manera de pensar, actuar… El
estar enamorado puede surgir de la noche
a la mañana. Soy completamente partidaria de que te puedes enamorar “a
simple vista” como dicen por ahí; que ya luego funcione es hablar de otra tema. Y también está quien se enamora a largo plazo, que desde mi punto de vista es
un enamoramiento más sincero y verdadero, ya que conocemos a la otra persona en
todas sus “etapas”.
También hay que
saber aceptar que el amor se acaba, que no es algo eterno y como viene también
se va. Cuando es de mutuo acuerdo estamos ante la forma más sana de llevar una
separación. Que se acabe el amor no significa que acabe el cariño, porque se han compartido muchos momentos juntos y eso no se va de nuestra memoria, queda en
el recuerdo. El problema viene cuando solo acaba el amor por una de las partes,
y la otra no lo entiende. No nos queda otro remedio que aceptarlo, darle
libertad a la otra persona de decidir. Si realmente la queremos la dejamos ir.
Pero ojalá todos pensáramos así. Pero en esta sociedad abundan las personas
egoístas, que no entienden que el amor se acabe, si es posible llamarle “amor” a lo que siente aquella
persona que obliga a la otra a permanecer a su lado. La manipula haciéndose
la víctima. Por último nos encontramos en los casos extremos en el que amor
acaba a base de golpes secos. En el que la superioridad del hombre se impone
sobre la mujer menospreciándola y acabando con el poco aprecio que le queda a
su víctima. Es un tema ante el que ya estamos anestesiado ( o al menos, lo parece). Vemos tanto y tantos
casos de violencia de género que ya no nos asusta.
Aun así, el amor es una de las cosas más
bonitas que hay en la vida, ya sea hacia nuestra pareja, nuestros familiares,
amigos, mascota…Es muy importante sentirse querido; que el amor sea tolerante y
que se respete la libertad individual. Tenemos y debemos seguir luchando
para acabar con esta lacra social que ya se ha cobrado más vidas que la propia
ETA. Porque desgraciadamente vivimos en un mundo donde nos escondemos para
hacer el amor…aunque la violencia se practica a plena luz del día.
Sara Guisasola Castillo, colaboradora del grupo Aequitas25
Sara Guisasola Castillo, colaboradora del grupo Aequitas25

