30 de septiembre de 2016

Somos más


Tras un largo verano que casi nos ha parecido más corto que un instante, estamos de vuelta. Este nuevo curso el grupo amplía fronteras: contamos tanto con nuevas/os colaboradores como con  participantes veteranos/as. lncluso siguen en nuestro proyecto gente que ha salido ya por la puerta grande del Juande, como Julia, Cris, Fátima, Paula, Eva, Marina y Mady. Como es costumbre en este blog, publicaremos entradas relacionadas con la igualdad de género y también con los derechos humanos en general. Pretendemos organizarlas en secciones: efemérides, entrevistas a mujeres significativas, escritos de denuncia , difusión del feminismo... También queremos dar voz a las mujeres que han salido de nuestro pueblo y han comenzado a labrarse su futuro en otros países. Por supuesto, seguimos apostando por la riqueza de comunicarse en otros idiomas, por lo que continuaremos con las entradas escritas en inglés y en francés.
Para finalizar, desde el equipo de Aequitas25 , nos gustaría hacer una declaración de intenciones:
Estamos aquí para luchar por la igualdad de género, denunciando las conductas machistas y las situaciones desiguales que vivimos día a día en nuestra sociedad. Estamos ya hartos/as de que a una mujer se le atribuyan ciertos adjetivos despectivos por llevar cierto tipo de ropa. Estamos cansados/as de ver en noticiarios que las víctimas de la violencia machista aumentan casi todos los años; en definitiva, no podemos soportar ni un segundo más la situación de clara discriminación que la mujer sufre. A pesar de toda aquella gente que nos diga "todo está bien, "no servirá de nada", seguiremos con nuestro objetivo, continuaremos haciendo todo lo posible por acabar de una vez por todas con esta lacra social. 
Y sobre todo, queremos decir a todo el mundo que no se calle, que no tenga miedo,  que no están ni estamos solos/as. Así, que, por favor, querido/a lector/a, ¡lucha!
Somos muchos y muchas. Somos más.

Francisco Javier Pastor Bejarano, colaborador del grupo Aequitas25

25 de septiembre de 2016

'Salvando pellejos'

Rusia. Stalingrado. Conflicto considerado como el más sangriento de la historia. Protagonizado por el Ejército Rojo de la Unión soviética y la Wehrmacht (fuerzas armadas) de la Alemania nazi, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943. Más de un millón de personas de ambos bandos vivieron sus últimos momentos de vida allí.

La batalla de Stalingrado y la victoria por parte de los soviéticos tuvo una gran importancia. La derrota alemana representó el principio del final del nazismo en Europa, ya que no recuperarían su fuerza anterior a la guerra y serían incapaces de volver a conquistar el Frente Oriental. El fracaso militar hizo ver a muchos oficiales que Adolf Hitler estaba llevando al estado alemán al desastre, acelerando así su expulsión hasta que la caída de Berlín en 1945 puso fin a la II Guerra Mundial.

Hasta ahora todo bien: un hecho histórico más que poder archivar y al que dedicarle horas de estudio... Pero no es el caso. Esta entrada está dedicada al tan sorprendente mérito del sexo femenino, que se opuso a los tradicionalismos de la época y del campo en el que actuaron.  Y es que su papel estuvo muy presente en la batalla, defendiendo ideales contra el sexo opuesto, el mismo del que ha tenido que esquivar menosprecios a lo largo de la historia.
Las mujeres se presentaban voluntarias al ejército. Habían sido preparadas por el Partido Comunista Ruso, porque en ese momento era el único donde disfrutaban de los mismos derechos que sus compañeros.

Ellas mismas se construían las trincheras. Desempeñaban papeles importantes tanto en el frente, donde servían como artilleras en unidades antiaéreas, pilotos, comandantes de buques blindados; como en la defensa, donde eran enfermeras (llevando decenas y centenas de heridos a la retaguardia), médicos (realizando intervenciones quirúrgicas), operadoras de telefonía y de radio (al cuidado de las conversaciones y de la gestión en la batalla). Labores por las que el bando ruso salió hacia delante, victorioso, derrocando poco a poco a la Alemania del poder.

Muchas son las historias de estas heroínas: 

- La francotiradora Tania Chernova, que se encontraba en Rusia para salvar a sus abuelos, pero como los alemanes ya los habían matado, decidió quedarse y luchar contra ellos.

Al llegar a Stalingrado, sus compañeros y ella utilizaron los sistemas de alcantarillado para llegar a las líneas rusas y no cruzarse con las enemigas. Participó como sargento y para salvarse, tuvo que dejar en el camino 80 muertes en el bando enemigo.

-La joven piloto de caza, Lídiya Litviak, de 21 años de edad que tiene el récord de derribos en combate real a manos de una sola mujer.

-Nadya Klimenko, que fue una mujer que estuvo en un puesto de comunicaciones. Mientras llevaba a cabo su último informe sus  compañeras habían sido asesinadas, pero aun estando sola y ante el peligro,  siguió en su puesto de trabajo a pesar de la gran proximidad de los soldados alemanes.

-La enfermera Tamara Shmakova, conocida por su capacidad para retirar soldados heridos de la línea del frente. Se arrastraba hasta el herido, se tendía a su lado y le observaba las heridas. Una vez informada del estado decidía entonces qué hacer. Para poder sacar a algún soldado se necesitaban generalmente dos hombres, pero muchas veces Tamara lo hacía sola, cargando con el doble de su peso.

Si quieres leer más sobre las pilotos de caza del Ejército Rojo, pincha aquí. Conforman los tres primeros escuadrones de combate exclusivamente femeninos de la historia
             
Poco más que añadir que no lo hagan los acontecimientos. Hablan por sí solos. Una vez más, se demuestra de lo que está hecho este género, contra el cual no os recomendaría a ninguno enfrentaros en un conflicto armado. Sobra decir que la entrada  no es ni muchísimo menos una apología de un drama tan tremendo como una guerra, sino todo lo contrario. Ni hombres ni mujeres deberían perder sus vidas, sus familias o sus destinos en ellas. Pero en las batallas que ya son solo Historia, las mujeres son una vez más heroínas silenciadas.

Adela García Ramírez, colaboradora del grupo Aequitas25



20 de septiembre de 2016

Hasta el infinito y mas allá


Esa era la frase mi personaje favorito de Toy Story. Ante la incredulidad de la panda de juguetes, Buzz se obstinaba en volar y en abordar otras heroicidades extraplanetarias. Pues ese es nuestro plan: hasta el infinito y mas allá. Parece que todo está en contra: se presenta un curso complicado, inseguro, con mucha crispación. Y parece que el mundo no se ha tomado vacaciones porque asomarse a los informativos es seguir contemplando una película de terror tristemente real.
Pero vamos a seguir luchando con nuestros medios. En este caso, con la palabra. El grupo Aequitas25 va a seguir funcionando y se va a ampliar. Vamos a continuar intentando salir de las fronteras del Juande. Este año nuestra Julia se va a Madrid pero está dispuesta a compartir con nosotros y nosotras lo que aprende en una asignatura sobre violencia de género en que se ha matriculado dentro de la carrera de Medicina. Paula se sumerge en un territorio tradicionalmente masculino y está claro que tendrá mucho que decir. Seguro que Vicky quiere seguir contándonos experiencias sobre sus voluntariados. Y Mady tiene todavía mucho arte que aportar. Y así, más.
Estamos los de siempre y también quienes no están este año en el Juande. Porque Natalia e Inma seguirán en sus centros luchando por la igualdad. Y como personas mágicas que son, conseguirán hacerlo allí y aquí. De hecho, de aquí no se han ido nunca... Y Patricia y Amalia continuarán trabajando para que el deporte femenino no tenga género. Y así, muchas y muchos más...
En la foto aparece un grupo de niñas y niños entrañables. Tres son hoy miembros de Aequitas25. ¿Qué soñarían en aquellos momentos? ¿Qué sueñan ahora? Me encantan sus miradas, brillantes ante un mundo nuevo. Tal vez necesitamos eso: ojos muy abiertos, miradas llenas de curiosidad, sueños para construir una sociedad que desbanque de una vez a esta que ya no funciona. Lo que no creo que imaginaran esas crías y críos de la foto es que hoy, ya, aquí, están contribuyendo a que la hermosura, la solidaridad, la empatía, la igualdad venzan al egoísmo, la discriminación, la violencia y otros monstruos peligrosos.
Así que adelante ¿Quién dijo miedo? ¿Quién se rinde? ¿Quién no puede mas? ¿A quién le vence el cansancio y el desánimo? A NADIE.
Hasta el infinito y más allá.


28 de junio de 2016

Orgullo


Este año Óscar ha publicado una entrada excelente. Decía que no se iba a centrar en la homosexualidad y comentaba otro tema relacionado. Yo sí. Mas que de homosexualidad, hablemos de lo que no es heterosexualidad. Yo voy a decir cosas que parecen estar muy claras. Parecen. Solo parecen.
Los homosexuales son hombres; no quieren ser mujeres. Son hombres que se sienten atraídos por los hombres, se enamoran de ellos, establecen relaciones afectivas de pareja con ellos.
Las lesbianas son mujeres; no quieren ser hombres. Son mujeres que aman, desean a otras mujeres. Tienen relaciones sexuales con ellas sin dejar por ello de sentirse mujeres. Podría seguir aclarando conceptos sobre bisexuales, trans etc pero quiero decir poco y transparente.
La teoría parece fácil. Todo el mundo presume de conocer las simplicidades que acabo de escribir y de ser absolutamente tolerante y respetar esta realidad tan básica y natural.
Yo creo que no. Hay gente muy abierta, gente muy cerrada y una gran mayoría que está muy perdida pero no lo reconoce.
Toca el timbre, salgo de clase. La bulla típica. Los gritos. Las parejas que se buscan para estar unos minutos achuchándose mientras que empieza otra clase ...
Y entonces veo a un chico que le da un pico a otro. Salgo a desayunar y en medio de la glorieta una chica se morrea con otra sin reparos. ¿Reaccionamos con naturalidad? ¿O mas bien nos quedamos mirando - y de paso cuchicheando- ante una u otra escena? (No se asusten...es una hipótesis)
Pues no. De naturalidad, poco. Nadie o casi nadie reconoce ser homófobo pero el acoso en las aulas por este tema aumenta. Y las agresiones homofóbicas también.Todos somos muy tolerantes pero en Sevilla se ha armado una auténtica revolución por una exposición de fotografía montada en la avenida de la Constitución con motivo del Día del orgullo LGBT. En horario infantil, se emiten anuncios y películas con sobredosis de escenas violentas y/o eróticas. No pasa nada. Pero la visión de dos chicos dándose un beso en la boca en una fotografía ha sido calificada de "obscena" por las mentes bienpensantes de la ciudad.
Ya está bien, por favor. La sociedad ha cambiado. Los modelos de familias también. Las leyes españolas protegen la libertad de las personas al margen de su orientación sexual. Gays y lesbianas se pueden casar en nuestro país. Quien no lo acepte, que estudie. Les aseguro que la homosexualidad no es un virus. No se pega. No se es mejor o peor persona por ser gay, lesbiana, bisexual o trans. El valor de la persona no lo da su orientación sexual. 
Estoy muy cansada de una sociedad que castiga tanto lo diferente y luego dice "yo no he sido". Tolerancia cero a la falta de respeto a la diversidad. Si tratamos a las personas como personas, veremos lo que son, personas. Sin mas etiquetas.
Hoy se conmemora el Día del orgullo LGTB. Si quieres saber cuál es su origen pincha aquí

21 de junio de 2016

Volver a casa

Hace un par de semanas vi este corto. Aunque está publicado desde primeros de marzo, se ha hecho viral este último mes. Se llama Au bout de la rue y su director, Maxime Gaudet, quería denunciar el acoso callejero que sufren (sufrimos) las mujeres al volver a casa por la noche. Además, quería dejar claro que es algo habitual y que se vive como algo "normalizado". Si quieres más información, pincha aquí. 
Es curioso cómo funciona la percepción. Cuando lo vi la primera vez, me gustó cómo el audiovisual reflejaba el tema y me pareció tristemente interesante. Sin embargo, yo estaba en otras lides y ahí quedó. Pero hace unos días, Marina, colaboradora del grupo, me lo mándó y lo comentamos un poco.Entonces recordé. Me acordé del miedo al volver a casa cuando era adolescente. De los pasos cada vez más rápidos y las ganas de llegar al portal. De las miradas constantes hacia atrás. De cómo apretaba la llave por si alguien se acercaba y necesitaba utilizarlas como arma defensiva. Del temor de mi madre hasta que llegaba a casa. De la tranquilidad que sintieron cuando me eché un  novio que me acompañaba, esperaba a que entrara en el portal y encendiera la luz de mi cuarto para indicarle que ya estaba en casa. Se lo comenté a Marina (más resumidito...) y me transmitió cómo había despertado el temor de su madre. Además me añadió una frase muy representativa: "Es una noche normal en mi vida y no te das cuenta hasta que lo ves desde fuera".
Joder, pensé (perdón). ¿Es que no ha cambiado nada en más de 30 años? ¿Una chica o una mujer no puede volver tranquilamente a su casa sin miedo a que la increpen, insulten, persigan...o algo más? ¿La calle a partir de cierta hora no es un espacio para mujeres? Mujeres solas, claro. ¿De quién es la calle? ¿Qué mueve a un machista a ser además un acosador? Porque esto es acoso. Y el problema es lo que me comentó Marina. Cuando yo era chica, lo veíamos como algo normal; desagradable, incómodo, peligroso incluso, pero normal. Eran gajes del oficio de ser mujer. ¿Y ahora? "... no te das cuenta hasta que lo ves de fuera". 
Por supuesto, creo que cada vez hay mas hombres que se comportan con respeto y corrección. Pero no es suficiente. No tiene que haber más hombres: tienen que ser TODOS. Cualquier persona, al margen de su sexo, físico, situación, orientación sexual y variantes posibles tiene derecho a volver a casa sin miedo. No estamos hablando de barrios marginales con un un alto nivel de delincuencia. No. Esto pasa en tu calle y en la mía. Algo tenemos que hacer. Y desde luego callar, no.

13 de junio de 2016

Historia de una refugiada: mi yaya

Se retransmiten por televisión noticias sobre refugiados cada día. Sus caras aparecen en millones de periódicos de decenas de países. Ver su sufrimiento a través de las pantallas o sobre el papel se ha convertido en algo tan rutinario que apenas nos fijamos. Quizás porque nos aportan demasiada información en pocos segundos.

Lo vemos demasiado lejano y demasiado diferente. Da la sensación de que no nos puede afectar y que nunca nos veremos ni nos hemos visto en una sensación semejante, pero no es así. Los españoles también fuimos refugiados y no hace tanto tiempo.

Seguramente todos los españoles con suficiente edad para comprenderlo habrán oído hablar sobre la Guerra Civil Española. Ya han pasado 80 años desde su inicio, pero aún sigue con nosotros gente que la vivió en su propia piel, que sintió el miedo, el hambre, la pérdida y la muerte.



Una de estas personas fue mi yaya, mi abuela, Silvestra Moreno García, la duodécima de trece hermanos,. Su familia se trasladó de Madrid a Barcelona huyendo de las bombas que caían diariamente sobre la ciudad. Por aquel entonces España ya se había convertido en el laboratorio de diversos países que querían probar la efectividad de sus armas antes de usarlas en la Segunda Guerra Mundial.

Corría el año 1938. Las tropas franquistas se acercaban peligrosamente a Cataluña, aún en manos republicanas. Sería noviembre o diciembre, quizás incluso enero o febrero del año siguiente. Por aquel entonces la Generalitat se llevaba a gran cantidad de niños en edad escolar de colonias, ya fuera invierno o verano, para alejarlos de las ciudades y la guerra. Algunos de estos niños fueron mi yaya, que tenía solo cuatro años, y cuatro de sus hermanos mayores, la mayor de los cuales tendría unos doce años.

Mi bisabuela oyó entonces sobre la cercanía de los nacionales y se apresuró a ir en busca de sus cinco hijos. Desgraciadamente, allí le dijeron que sin permiso de la Generalitat no podía llevárselos, por lo que tuvo que volver a Barcelona, pero cuando regresó a por ellos los nacionales ya habían entrado en Cataluña y a todos los niños los habían cargado en camiones para llevarlos a Francia y que no sufrieran las penurias de la guerra. Allí fueron encerrados en campos de refugiados, recientemente reconocidos como campos de concentración. Mis bisabuelos, junto a las hermanas mayores, cruzaron la frontera a pie y acabaron confinados en el mismo lugar, pudiendo solo salir para trabajar.

Entrevista a Silvestra Moreno:
¿Cuál es el recuerdo más positivo que tienes de aquel momento? ¿Y el peor?
Alfonso (mi hermano) y yo estuvimos enfermos y cuando nos encontramos un poco mejor, nos dedicamos a saltar de una cama a otra. También recuerdo las canciones y poesías que nos enseñaban en la “escuela” que hablaban de lo agradecidos que estábamos a Francia que nos había acogido.
El peor momento fue tener que hablar con mi padre a través de una gran alambrada entre los dos campos (el de mujeres y el de hombres) y nos teníamos que hablar a gritos.

¿Cómo salisteis de allí y volvisteis a España?
Pues cuando abrieron las fronteras para dejar entrar a las personas que queríamos regresar (tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial), nos subimos a un tren, que era de carga, no de pasaje. Eran trenes con vagones donde llevaban ganado, materiales y allí íbamos nosotros, con el suelo lleno de paja para sentarnos. A paso de ganso, porque tardábamos una eternidad de una estación a la otra. Recuerdo que se paraban continuamente en las estaciones y venían los de la Cruz Roja a darnos lo que decían un “café con leche”, pero aquello era todo menos café con leche. El caso es que nos daban cosas calientes. Hay anécdotas que la gente no se las imagina, pero como no teníamos váter ni nada, porque eran vagones de carga, a veces habíamos hecho pipí en una lata, tirábamos el pipí y en aquella misma lata, como no teníamos agua para aclararla, nos ponían el café y la leche caliente y nos los bebíamos. Imagina la cantidad de cosas que teníamos que pasar.

¿Cómo vivisteis al volver a España?
Cuando llegamos a España, como ya habíamos venido a Barcelona, fuimos allí directamente. Lo que hicimos al salir del tren fue llegar a una casa y pedir que nos alquilaran una habitación. Nos metimos todos en aquella habitación aquella noche y al día siguiente mi madre, con una de mis hermanas, fueron a buscar una casa donde meternos. Era una que aún estaban construyendo en un sitio no muy lejano de donde habíamos dormido y que no tenía ni ventanas ni puertas, pero que nos metimos allí todos. Pusimos primero una manta, para que no entrara el aire y luego ya lo arreglaron mis hermanos como pudieron, poniendo una puerta, y fuimos arreglando las cosas poco a poco. El caso era tener un techado donde dormir. Así fueron los principios de nuestro regreso. Mis hermanas mayores tuvieron que buscarse trabajo en lo que pudieron. Una sirviendo en una casa, otra en otro sitio y Petra estudiando en el clínico. Se metió de enfermera, ya que entonces no pedían los estudios como ahora. Lo que interesaba era gente que hiciera el trabajo. Ella se pudo poner a trabajar de enfermera y al mismo tiempo estudiaba. Lo que pasa es que nació Mari Carmen (su hija) y nos la trajo a casa para que la cuidáramos, mientras ella trabajaba, porque no podía ocuparse de ella.

¿De qué manera ha influido este hecho en tu vida?
De muchas maneras. Sobre todo en la manera de ser solidarios entre nosotros, los hermanos. Hemos sido siempre muy… “unos por otros”, sobre todo mientras estuvimos todos en la casa. Luego, cuando han ido casándose, se ha ido separando un poco más la familia. Pero mi madre nos unía a todos.




Mi yaya también fue galardonada con el Premi Creu de Sant Jordi (Premio Cruz de San Jorge) en junio del año 2000, por su trabajo ejemplar de atención a personas discapacitadas, concretamente enfermos mentales. Como presidenta de la Federació Catalana d'Associacions de Familiars de Malalts Mentals (Federación Catalana de Asociaciones de Familiares de Enfermos Mentales) y de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) y también como la fundadora y presidenta de la Fundació Malalts Mentals de Catalunya (Fundación de Enfermos Mentales de Cataluña). El premio destaca especialmente la ayuda prestada a las familias que se encontraban en esta situación.

¿Qué te empujó a dedicar tu vida a estas personas?
Bueno, primero es mejor hablar de la vida en la posguerra: cómo luchamos, cómo estudiamos y cómo mis hermanos mayores no consintieron que los pequeños fuéramos a trabajar a una fábrica, sino que nos obligaron a ir al colegio y a las academias para prepararnos y no tener que ir a una fábrica. El único que no acabó en un despacho fue Alfonso, porque no quería estudiar. Pero Lupe y yo siempre trabajamos en un despacho. En uno de estos despachos conocí al yayo Antonio. Cuando me casé con él, a través de su padre, que enfermó de demencia senil, entré en contacto con el mundo de la psiquiatría. Como yo tuve muchos problemas para que me ayudaran a cuidar al abuelo (su suegro), porque estaba muy agresivo y no lo podíamos dominar (quería pegar a la gente y todo), empecé a entender un poco, quizás, lo que era el problema de la enfermedad. Y cuando lo ingresaron en el hospital psiquiátrico (cosa que ya no se hacía entonces, que ya estaban de cara a reformar la psiquiatría y se cerraban los grandes hospitales), no sé por qué me dediqué a escuchar a las familias y a entender, más que a las familias, a los enfermos que estaban en el hospital. Los consideraban como números, algunos no tenían ni carné de identidad. Se los estaban rehaciendo. Había enfermos que llevaban 40 ó 50 años ingresados en ese hospital. Y estaban bien, únicamente con el tratamiento, porque ya había antipsicóticos, por lo que no necesitaban estar ingresados. Empecé a ocuparme un poco de ellos, no de atenderlos, sino de defender su derecho a recibir un trato más humano, más justo y a ser tratados y no tirados a la calle como querían hacer. Los querían poner en medio de la calle, sin tener en cuenta que muchos de ellos, después de estar entre 10 y 50 años dentro de un hospital, no estaban en condiciones de volver a la sociedad sin una preparación y sin un cuidado. Querían devolverlos y eso era lo que nos indignaba a las familias y a las asociaciones de vecinos que estaban alrededor. Así empecé a involucrarme y a luchar, al igual que se hace ahora, en manifestaciones, reclamando los derechos de aquellas personas y de sus familias. Porque indirectamente estaban todos implicados y algunas familias estaban completamente desestructuradas y sin nadie que les escuchara. Así fui poco a poco involucrándome y fui interviniendo en la creación de las asociaciones de familiares. Y después en la creación de la primera fundación tutelar que ha operado en toda España. Indudablemente, cuando se habla de una cosa como esta, la gente cree que solo lo ha hecho la persona que ha recibido la medalla. No. Sola no podría haberlo hecho. Lo hice porque fui capaz de aglutinar en torno al problema a mucha gente y esa gente fue la que trabajó y la que luchó conmigo para que tuvieran todo lo que necesitaban en aquel momento. Si no, habría sido imposible.


Necesitaría un libro entero para contaros todo lo extraordinario de mi yaya y su vida y me faltarían las palabras necesarias, ya que no existen las que expresen lo especial que es. Y sí, fue refugiada, como podríamos haberlo sido tú y yo de haber nacido a principios del siglo pasado,; como son los millones de personas que huyen cada día de sus países en busca de una vida mejor que nuestros países no les permiten tener.



Judit Fernández Roca, colaboradora del grupo Aequitas25.

11 de junio de 2016

Mujer y deporte en el Juan de Mairena


Esta entrada es un homenaje y una reivindicación. El Juan de Mairena apuesta por el deporte como una de sus señas de identidad. Y también por la igualdad. Este vídeo pretende visibilizar la presencia de nuestras alumnas en algunas de las muchas disciplinas deportivas. Son bastantes más de las que salen en el audiovisual pero ellas son el símbolo de las muchas niñas y mujeres que se enfrentan en muchos casos al machismo imperante en el deporte, como en todo.
Mientras las deportistas no tengan la misma representación y tratamiento en los medios de comunicación que los hombres; mientras exista brecha salarial en este campo; mientras las entrenadoras no tengan la misma consideración que los entrenadores; mientras las mujeres que se dedican al arbitraje tengan que aguantar insultos machistas y bárbaros; mientras haya una sola niña que tenga que soportar un trato sexista en clase de Educación Física; mientras las mujeres que se dedican a deportes "tradicionalmente masculinos" sean consideradas machorras; y mientras se sigan produciendo un número ingente de muestras de discriminación en el mundo deportivo, no podremos hablar de igualdad.
Gracias a las chicas que nos han prestado sus imágenes para este vídeo. Gracias a Patricia, Mónica, Inma y Amalia, las profesoras que también lo han hecho. Gracias a Elena por montar el corto.
Y un homenaje especial a Amalia. Porque es de las que abrieron camino, un referente fundamental para las mujeres que luchan por labrarse una carrera deportiva contra dificultades, agotamiento y en muchos casos falta de apoyo. Enhorabuena y gracias, Amalia.
Por todas vosotras.