21 de noviembre de 2017

Cadena humana contra la violencia machista 2017





El viernes día 24 de noviembre, a tercera hora, vamos a organizar una actividad en contra de la violencia de género en la que intentamos que participe toda la comunidad escolar.           
            El objetivo de la actividad es HACER UNA CADENA HUMANA que cierre toda la glorieta central del metro situada frente a nuestro centro. Para ello está convocado todo el personal del centro, alumnado, profesorado, personal no docente y, por supuesto, cuantos padres y madres deseen asistir al mismo.
            La actividad será como sigue:
           
            10:40 h.: los cursos comienzan a salir, en un silencio respetuoso y en fila india, según el orden previamente estipulado por la organización.
            10:50 h.: la cadena comienza a pasar por el paso de peatones que está frente a la puerta del instituto, para lo que contamos con la intervención de la policía local. La cadena girará a la derecha en dirección a la bandera de España, y posteriormente continuará por el otro extremo de la glorieta, rodeando las instalaciones del metro, hacia el punto de partida.
                      El paso será ordenado y procuraremos que, una vez en la glorieta, no se rompa la cadena de manera que nos detendremos cada vez que la policía local abra la calle a los vehículos.
            11:15 h: Comenzaremos a entrar TODOS en el centro y a continuación dará inicio el recreo
            
            Los alumnos y alumnas de 1º y 2º ciclo de TFAAD, a quienes se les dará las oportunas consignas,  actuarán como monitores de grupo ayudando a la labor del profesorado. Estos monitores irán en cabeza indicando cuándo la fila debe caminar o detenerse. Al final de dicha fila irá el profesor, que se encargará de cerrar el aula.      
            Debe seguirse  estrictamente el horario indicado, aunque el monitor, que estará en contacto con los demás compañeros,  podrá detener  la fila  o reanudar la marcha cuando sea necesario para evitar aglomeraciones  o cortes en la cadena.              
            La cadena, propiamente dicha, comenzará tras cruzar el paso de peatones, momento en el que  todos los participantes se agarrarán de las manos  hasta que  vuelvan a ese punto de partida, una vez  rodeada la plaza de Ciudad Expo y las instalaciones del metro.
ES ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE
QUE  TODOS VAYAN EN FILA “india” DESDE EL PRINCIPIO PARA QUE LA CADENA SEA FLUIDA Y NO SE PRODUZCAN CORTES

19 de noviembre de 2017

Café feminista en el Juande

El martes pasado el Café Feminista Aljarafe se reunió en la biblioteca de nuestro centro, el IES Juan de Mairena. Después de polémicas varias y de intentos infructuosos de conseguir permiso en otros locales, acabaron celebrando aquí su segunda reunión.Es un colectivo no mixto que propone que la lucha feminista esté liderada por las mujeres sin descartar, por supuesto, la colaboración de los hombres. Es una opción. Hay otras muchas. No escribo esta entrada para contar la polémica ni para quejarme de cómo me ha afectado a mí personalmente. Porque las protagonistas de este evento son las chicas que organizaron la reunión y las que participaron. No yo. 
Pero la que escribe esta entrada soy yo, Leonor Osuna, la única responsable de estas palabras. No soy ya la coordinadora de Coeducación. Solo soy una profesora del Juande, comprometida cada vez más con la lucha feminista aunque no perteneciente por ahora a ninguna organización ni colectivo.
Y quiero contar lo que sentí y lo que viví.
Sentí esperanzas. Algo puede cambiar con mujeres así, con estas ganas, con este coraje, con esta conciencia. Sentí tristeza. No puede ser verdad que 40 años después las chicas sigan volviendo a su casa con la llave apretada en el puño cerrado por si acaso... Sentí rabia. Por qué no podemos ir tranquilas por la calle. Sentí ganas. Hay que seguir luchando; no hay más remedio. Nadie nos va a regalar lo que nos pertenece. Sentí tranquilidad. Aquello no era una secta de cómo organizar un complot contra el macho, por si alguien lo ha pensado. Sentí que lo que estaba haciendo era lo que tenía que hacer y que era necesario. Tienen/tenemos derecho a un espacio y a un tiempo propios. Me sentí libre. Hablé como quise. No me mordí la lengua ni tuve que tener cuidado. Sentí que sabía mucho. Sentí que me faltaba mucho por saber. Sentí satisfacción. Qué bueno ver a algunas alumnas y exalumnas mías allí.Sentí dudas. Tengo que pensar. Tengo que leer. Tengo que escuchar.
Invito a los lectores y lectoras de este blog a opinar, a disentir, a apoyar... siempre desde el respeto. Les pido que piensen , escuchen, lean antes de condenar.
Quiero además agradecer al director del centro que diera su permiso. No le importaron las posibles presiones. Me parece importante.
Y como siempre, una vez más, gracias a Hipólito. No solo por el permiso sino por el apoyo. Él me ha dicho que escriba. Que lo visibilice. Que no tenemos nada que ocultar. Gracias.
Y a vosotras, chicas, ánimo. Todas tenemos mucho que hacer. También mucho que aprender, escuchar y gritar.
Hasta la próxima.

5 de noviembre de 2017

Ser feminista es algo más

El machismo y el patriarcado conforman las bases de toda la cultura e ideología de la que llevas alimentándote desde que naciste. Absolutamente todo lo que has aprendido se sustenta en este tipo de sistema. Por otro lado, el feminismo es un movimiento que cuestiona todos y cada uno de los aspectos que dan forma a lo que conoces como sociedad. Si nunca has abierto un libro sobre feminismo, aunque seas una persona muy culta, es normal que no hayas oído hablar sobre algunos conceptos que se utilizan dentro del movimiento para abordar, juzgar y criticar estas bases que forman parte de nuestro día a día y de nuestra historia. 

Si quieres tener un debate y dar tu opinión acerca de un tema feminista, estoy totalmente a favor, porque dentro del feminismo pueden existir y existen diversos puntos de vista que enriquecen el debate y permiten encontrar soluciones de forma conjunta, PERO.... antes de cuestionar los términos que utilizo y descartar mi discurso con frases como “de dónde has sacado eso”, “yo también soy feminista pero eso es ya pasarse de la raya” o “estás exagerando”, ¿por qué no planteas la posibilidad de que tu forma de pensar, como la de todo el mundo, está firmemente arraigada en esas bases machistas y patriarcales y que para poder opinar acerca de ciertos temas es necesario que abras tu mente a otras perspectivas que no formen parte del discurso predominante?

Dicho esto, si en algún momento te cruzas con un término, una idea o un concepto que desconozcas, te animo a que te informes al respecto antes de dar tu opinión:

1. Piensa. ¿Realmente sabes de lo que estás hablando? ¿Lo que piensas es una opinión crítica y fundamentada (y feminista, porque busca una sociedad igualitaria) o, sospechosamente, coincide bastante con las corrientes dominantes de pensamiento? Si no conoces bien el concepto, ¿por qué lo cuestionas?
2. Consulta el concepto. La Wikipedia es un buen lugar para empezar. No te dará una visión profunda del tema, pero te podrás hacer una idea de dónde viene, qué significa y qué autoras o autores lo han desarrollado más en profundidad.
3. Ve un poco más allá. Busca libros escritos por feministas que hayan desarrollado más específicamente el tema, e incluso busca libros también feministas que den una opinión totalmente contraria. Eso también ocurre dentro del feminismo, porque se trata de un movimiento con muchas vertientes y debates continuos. Abre tu mente y aborda el tema sin recelo.
4. Vuelve a formar una opinión. ¿Sigues pensando de la misma forma? ¿Tienes más argumentos para rebatir los míos sin necesidad de menospreciar mi opinión? 

Ser feminista no solo consiste en posicionarse en contra de la violencia de género o de la diferencia salarial entre hombres y mujeres. Consiste en ponerse unas gafas de color violeta para poder ser consciente, de forma crítica, de la necesidad que existe, todavía hoy en día, de luchar por la igualdad.

Marina Rodríguez Colmenero. Exalumna del Juan de Mairena

2 de noviembre de 2017

Soy mujer y no me puedo divertir en una fiesta

17.Solo tengo 17 años,mi experiencia de vida no es muy larga y elaborada,no soy ni mucho menos la reina de las fiestas y aun así,me tengo que encontrar escribiendo esta entrada con una gran indignación en el cuerpo que me corroe por dentro.

Todos tenemos derecho a divertirnos de vez en cuando,liberar tensiones bailando durante horas en la pista,celebrar algo importante,disfrutar...¿Por qué yo no?

¿Por qué?¿Por qué mis fiestas siempre están condicionadas por hombres que nos molestan e intimidan?Me temo que no es algo puntual,algo que solo ocurre una vez,un caso aislado.No,nada de eso.Hablo de ese pesado hombre en fin de año que no tenía pensado marcharse hasta conseguir mi verdadero teléfono.Recalco verdadero,porque la técnica de dar un número falso para salir rápido del apuro a mí apenas me funciona.Hablo de estar bailando con mis amigas en carnaval y que un chico se sienta capaz de cogerme de la cintura como si fuese un objeto para su disfrute,me aleje de mis amigos,y ¡sorpresa!,me intente besar. Lo único que parece surtir efecto es la frase mágica ''No,tengo novio'',porque claro,ellos respetan más la presencia de otro hombre que la opinión de una mujer.

Pero sin duda una de las peores experiencias sucedió antes de anoche,la terrorífica noche de Halloween .Tras un día intenso y agotador de instituto,mis amigos y yo decidimos divertirnos un poco en una fiesta y allí el cuerpo te pide acudir a la pista de baile,nada fuera de lo común,¿no?Mi amiga y yo comenzamos a bailar juntas hasta que dos impresentables aparecieron.Uno detrás de ella,y otro detrás de mí.Nos cogieron de las caderas,nos centrifugaron con gran ímpetu su ''voluptuoso'' miembro viríl en nuestros culos;sus manos recorrían mis muslos en dirección a mis ingles y ambas sentíamos sendos alientos en la nuca.Intercambiamos miradas de circunstancia (¡ojalá se terminase ya la canción!),y cuando la canción acabó pensábamos que por fin se acabaría todo... Pero no.Se cambiaron de puesto como si fuésemos juguetes intercambiables que ambos tenían derecho a utilizar.No aguanté más y decidí abandonar la sala con mi amiga para tranquilizarme y no producir un altercado.Un poco de aire fresco y la esperanzadora idea de no volverlos a ver me hizo volver a bailar.Y para mí desdicha allí se encontraban,otra vez,con las mismas intenciones. Decidí ser clara y directa con un ''no queremos bailar con vosotros'' y para mí sorpresa,desaparecieron.Un final feliz.

JAJAJAJAJA Pues no;la historia no termina así.A las horas uno de los chicos intentó otra vez ensartarme refregándose a mis espaldas y me fui,me fui porque soy una persona pacífica y las ganas de pegarle un tortazo eran inimaginables,salí del recinto.Y sí,OTRA VEZ,vino en mi búsqueda incluso sin estar en la pista de baile.Tuvimos una conversación tal que así:
-Venga,ven a bailar conmigo
+No
-Venga,que vengas a bailar conmigo
+No
-¿Pero por qué no?
+Porque no quiero
-¿Y por qué no quieres?
+Porque no me da la gana
-¿Prefieres estar aburrida a bailar conmigo?
+No estoy aburrida,lárgate
-Venga,ven a bailar conmigo
+Que no

Y así incesablemente durante minutos...mis amigos al lado mía mudos sin saber qué hacer,y yo,ya sin ningún miedo,manteniendo la mirada firme en sus ojos.Hasta que por fin decidió meterse dentro de la pista y dejarme de una vez por todas.

Sé la mayoría de los pensamientos que tiene la gente al oír testimonios así : ''eso es porque le provocaste'';''será que eres una estrecha'';''él solo quería bailar''... A cada cual más ultramontano y vomitivo.Y sin ninguna duda,la indiferencia de todos ante esto es lo peor.Yo no estaba molestando a nadie,pero el a mí sí,y sin embargo fui yo la que tuve que abandonar la sala.La sociedad tiene tan aceptadas estas situaciones que los seguratas normalmente están más pendientes de que nadie tire vasos al suelo que a vigilar que un chico persiga incansablemente a una chica. 

Sin duda,este hecho me jodió en gran parte la noche.Como hechos similares me han chafado más y más fiestas...¿Por qué?¿Por qué yo no tengo derecho a divertirme?Sé que muchas chicas se sentirán identificadas con esta anécdotas en las fiestas.¿No estáis cansadas,hartas...?

Podría escribir sin fin sobre este tema,pero apenas me quedan fuerzas y ánimo para hacerlo.

Blanca García Macías, colaboradora del grupo Aequitas25

1 de noviembre de 2017

Sexista no se nace, se hace

La personalidad de un bebé está totalmente vacía, y a partir de sus primeros momentos de vida empieza a moldearse. Cuando son pequeños es más fácil inculcarles unas ideologías determinadas, más fácil manipular su personalidad; al igual que es más sencillo inculcarles una actitud basada en el respeto a lo diferente, también lo es meterles en la cabeza unas ideologías sexistas, racistas, etc.

Así, diciéndole a una niña que no puede jugar al fútbol por el simple hecho de ser chica, o a un niño obligándole a dejar una muñeca porque es "de niñas", estamos inculcándoles unos valores sexistas, porque los niños, lo que ven, lo que escuchan de sus mayores, lo aplican a su propia manera de ser.

De esta manera, hemos creado una sociedad cerrada a la diversidad, con unas bases aparentemente inalterables y una baja tolerancia a lo diferente; porque si hay algo que todos odiamos, es que nos digan que esa ideología que nos hemos llevado años puliendo es errónea, o que no es la única correcta.

Queremos creer que vivimos en una sociedad abierta, pero lo cierto es que es aún muy sexista. No tenemos que irnos muy lejos para comprobarlo. En el polígono Pisa, por ejemplo, hay un local que organiza fiestas con motivos de princesa para niñas. Sólo para niñas. Es repugnante. Ya desde pequeños, de forma directa o indirecta, nos incitan a no relacionarnos con el sexo opuesto; bueno, prácticamente nos obligan. Es más, hace no mucho tiempo, a un niño no le dejaron participar en una actividad de princesas en Disney Land, ¡por ser chico! Es indignante y despreciable.

Y luego nos preguntamos por qué los chicos suelen irse por un lado y las chicas por otro. Simple, porque así lo hemos visto. Así ha sido siempre, y los cambios no son algo que a la gente le guste.

Yo pienso que no debería ser así. Yo siempre me he relacionado tanto con chicos como con chicas, y no me ha hecho ningún daño tener amistades con ambos sexos, no es que el sexo contrario sea venenoso o algo por el estilo. Ni por ser chica y tener amigos te vas a volver una marimacho, ni por ser chico y tener amigas vas a convertirte en maricón. Términos que para algunas personas parecen ser tabú, a pesar de no tener nada de malo, solo son términos vulgares. Es mi manera de pensar, la que me han ayudado a desarrollar mis padres y educadores, pero cada persona crece en un entorno distinto.

La actitud de un niño en el futuro dependerá de cómo lo eduquen, del entorno en el que crezca y de la actitud de los que le rodean. Si un niño es criado en un entorno violento, se volverá una persona agresiva; si lo hace en un entorno sexista, él también lo será.

Porque sexista no se nace, se hace.

Nuria Fernández Roca, colaboradora del grupo Aequitas25

29 de octubre de 2017

Qué hacer cuando crees que no puedes hacer nada

Estoy tumbada en la cama cuando debería estar practicando con los pasteles.
Voy saltando de red social a red social.
Me aburre lo que veo.
Entro en Twitter.
Leo unos comentarios de una chica racializada en los que cuenta que su prima de 7 años le ha dicho que quiere ser blanca porque se meten con su color de piel y sus rasgos en la escuela.
Hago capturas de pantalla y las publico en otras redes sociales, y difundo porque siento la necesidad de que la gente que me sigue sea consciente de esto. Aunque no puedan hacer nada. Aunque ellos crean que no pueden hacer nada.

A veces tengo la sensación de que saturo a mis seguidores en redes sociales, o a mis familiares a los que les mando estas cosas. Pienso que a nadie le importan estos temas como me importan a mí.

La gente entra en redes sociales porque quiere despejarse, ver fotos bonitas, vidas perfectas, ropa genial.
Eso está bien. Quiero decir, todo el mundo merece olvidarse de sus preocupaciones por unos minutos (o unas horas), y hay quienes deciden gastar este tiempo en leer un tweet, leer un libro o leer las etiquetas de los champús. Cualquier cosa está bien.
Entonces pienso esto y me come la culpa de estar arruinando momentos de tranquilidad poniendo mensajes que puede que corten totalmente el rollo a estas personas.
Así que, para calmar mi culpa, pongo un mensaje recordando que esta es mi cuenta y que voy a subir a ella lo que considere oportuno, y que pueden dejar de seguirme si no les interesa.

Pero entonces caigo en otra cosa: yo podría haber ignorado a esa chica en Twitter y haber seguido con mi vida. Nada habría cambiado. El racismo no me afecta en absoluto, puesto que soy blanca.
Cuando subo algo en contra del racismo o visibilizándolo, apoyando el feminismo y al colectivo LGBT, concienciando sobre las enfermedades mentales o sobre las desigualdades hacia personas con discapacidades... no pretendo echarme flores. No quiero que la gente crea que me siento superior por interesarme en estos temas. Me interesan, sin más.

Pero podría vivir ignorando la mayoría de estas cosas

Cuando una persona tiene la posibilidad de ignorar un problema social es porque tiene la suerte de no sufrirlo, de tener privilegios. Y en este caso, no tenemos más remedio que escuchar, leer, entender, reflexionar y difundir.
Puedo respetar su espacio, donde ellas tienen voz, y mostrarles mi apoyo. Puedo explicar cosas básicas de su lucha aunque no sea la mía, pero siempre sin quitarles a ellas su voz, siempre acudiendo a ellas para dudas, siempre informándome más y más, porque siempre hay cosas que aprender, errores que rectificar, conceptos que pulir.

A muchos les parecerá poca cosa, pero desde luego haces menos si, tumbada en la cama en lugar de hacer lo que deberías hacer, pasas de esos tuits, pasas del tema en cuestión y pasas tu vida viendo fotos de un mundo perfecto.

Hay mucho que cambiar.

Conchi Tabares Fernández, colaboradora del grupo Aequitas 25

26 de octubre de 2017

Misses: que no pare el espectáculo

Viene de lejos. Hace  más de cuatro décadas, en los años setenta, ya hubo grupos feministas que protestaron contra el Concurso de Miss Mundo en el Albert Hall de Londres. A pesar de las muchas denuncias porque suponen un claro ejemplo de tratamiento de la mujer como objeto sexual, los concursos siguen celebrándose. Y promocionándose. Y defendiéndose. 
En la cultura del usar y tirar, convertir a la mujer en una cosa que tiene un "valor" es muy peligroso. Porque en este tipo de eventos cutres y propiciadores del babeo, no se establecen méritos en función de la capacidad, trayectoria académica o profesional, talento o habilidad de las mujeres. Se trata de pasearse, mostrarse y sonreír. Bueno, se me olvidaba: últimamente se han introducido "pruebas" tipo preguntas (de un interés impresionante) que consiguen demostrarnos que esos objetos bellos que se pasean en bañador o en trajes de purpurina HABLAN. Las mujeres hablan. Vaya...
Machismo mata, señores y señores. Parece que se les olvida el número de mujeres víctima de violencia machista que acumulamos. Exagerada, pensará más de un lector o lectora. NO. Cualquier acto que perpetúe la imagen de la mujer como un objeto está en la base de una sociedad que potencia la discriminación y favorece el acoso. Machismo mata. No es una serie de ciencia ficción. Es una realidad. Nos paseamos por la calle, con cuidado eso sí, y tenemos que estar pendientes de cómo nos vestimos, cómo nos movemos, cómo nos relacionamos, con quién hablamos. No provoquemos... Pero eso es lo que hace una mujer en una pasarela de un concurso rancio como este: provocar, seducir para ganar un premio que les resolverá la vida. O no. Machismo mata. Y no me digan que también hay concurso de Míster, por favor. Y no me digan que las mujeres se presentan voluntariamente... Cansa repetir los mismos argumentos. 
Esto no es una entrada contra la belleza. Es una crítica, espero que suene suficientemente feroz porque es lo que pretendo, de los concursos de misses. No te presentes si tienes más de una 36, si tienes pocas tetas o más celulitis de la que se pueda disimular con unas medias. No lo intentes si has elegido ir por la vida con un "look" diferente. No se te ocurra ni aparecer si tu dentadura no es perfecta, como si fueras un caballo. Gordas, absténganse. Huesudas, out. Discapacitadas... sin comentarios. Maduritas, a quién se le ocurre...Si no entras en el patrón, vete a dar una vuelta, chatina. Queremos objetos sexuales. Que hablen, pero poco.
Lo que duele es tenerlo tan cerca. No parece creíble que aquí, justo al ladito, se vaya a celebrar un concurso de misses el próximo domingo en el Teatro Municipal de Mairena del Aljarafe.
Ajá.
Qué asco.

24 de octubre de 2017

Un momento agridulce

Esta semana pasada, en mi rutina diaria de coger metro y autobús, me disponía a volver de la facultad después de una mañana intensa, tanto por el cansancio como por el excesivo temario dado ese día. Lo normal en esos días de saturación, mis días de agobio y desganas, es que me abstenga de hablar, comentar o incluso observar lo que hacen las personas que tengo a alrededor analizándolas. Apoyo mi codo en el pequeño resalto que me deja el cristal del autobús y echo mi cabeza sobre el cristal. Miro los coches pasar. Sé que cuando me he montado en el autobús, como de costumbre, me he decidido por ocupar el final para no estorbar a todo aquel que tenga que entrar. Cuando llego me siento en uno de los dos asientos que hay enfrentados a otros dos, de espaldas a la marcha del autobús. Frente a mí dos señoras mayores que aparentemente, y por lo que observé, no se conocían de nada pero iban animosamente charlando sobre el calor que hacía.

El autobús para, dejando pasajeros en la marquesina y recogiendo a otros tantos para continuar su viaje por la Ronda de Capuchinos. Escucho voces que vienen de mi espalda y que identifico de tal manera que sé automáticamente a qué grupo de personas correspondían. Se sitúan a la altura del lugar donde me encuentro sentado y una de las personas mayores se levanta de su asiento ofreciéndole el sitio. Giro la cabeza y era un grupo, como ya bien había reconocido, de personas con discapacidad mental. Eran tres. Pero no iban solas, iban con jóvenes de unos veintitantos que los acompañaban a trabajar a un bar. Todo esto lo sé por la conversación, con un tono elevado, que venían teniendo conforme se acercaban.

Aparentemente la situación era normal, en un día normal, con gente educada que ofrece el sitio al mismo tiempo que otros muchos hacemos lo mismo. Una de las personas discapacitadas, chica, estaba subiendo el escalón que le impedía llegar a su asiento y sentarse, cuando repentinamente la otra señora mayor que justamente yo tenía enfrente ocupa su asiento dejando libre el que yo tenía frente a mí. La mujer, que había observado la situación tan bien como yo, con toda su frescura y cara dura, ocupó el asiento que iba a ocupar la chica dejando a esta sin lugar para sentarse. La chica educadamente le dijo que ella iba a sentarse ahí que estaba subiendo el escalón porque la otra señora le había dejado el asiento, a lo que la señora que estaba estorbando en el momento contestó: “ay lo siento mucho pero es que me bajo dentro de cuatro paradas”. CUATRO paradas. La pobre chica que se había quedado sin su asiento intentó llegar al que estaba frente a mí, pero su discapacidad no le permitía  poder subir bien el escalón y hacerlo sin pisar a nadie ni estorbar para poder sentarse. Le faltó poco para caerse a mis pies. Finalmente, con la ayuda del hombre que iba a mi lado, la mía y el esfuerzo de ella agarrada a un asa, la levantamos y la sentamos en el asiento que quedaba vacío junto a la ventana.

Me paré y pensé. Todo había pasado en cuestión de segundos. Yo venía pensando en mis cosas, mirando los coches pasar, cuando de un momento a otro reaccioné para que esa mujer no cayera al suelo. La señora que había ocasionado esto seguía sentada, ahí en el otro asiento, seria, con la mirada firme, sin intención de disculparse. El hombre que estaba a mi lado, y yo nos miramos; la señora que se había levantado para ceder el sitio, nos miró; incluso los jóvenes que venía acompañándola cruzaron miradas. Nadie se atrevió a decirle nada a esa mujer. Todo lo que pudimos hacer fue ayudar a esa chica que seguía su trayecto con la misma energía, felicidad y entusiasmo por lo que le iba a acontecer en breve en el bar al que iba a trabajar. Y creo que fue por eso por lo que todos fuimos cobardes. Porque vimos la felicidad de esa persona por conseguir su ansiado sitio e ir contenta hablándonos a los que la rodeábamos, contándonos que se iba a trabajar en aquel momento con sus amigos. No queríamos romper ese halo de alegría para llamarle la atención a esa señora que, bajo mi punto de vista, no tuvo ni siquiera un ápice de dignidad para reconocer y pedir disculpas ante la situación tan tensa que creó en menos de un minuto.

¿Qué malo puede llegar a ser el ser humano, no? Qué poca conciencia social tenemos. Qué difícil es a veces ser bueno. O eso parece. Pero yo no lo creo. Me quedo con que alguna persona buena de este mundo le estaba dando trabajo a gente con discapacidad mental para normalizar su situación y contribuir a la eliminación de ese rechazo social que sufren personas como las que me topé la semana pasada. Gracias a todas esas personas que ponen su granito de arena por incluir a todas y cada unas de las personas con algún tipo de discapacidad en la sociedad. Gracias.


Óscar García Portero, colaborador del grupo Aequitas25