15 de mayo de 2014

Elogio de la ternura

video

Este vídeo me recuerda la frase de Paco Pérez Valencia: "Necesitamos más niños, más locos, más enamorados". ¿Por qué perdemos la ternura y la creatividad que teníamos de niños? Esta niña, con seriedad y dulzura, retira al pollito que le impide hacer su tarea, que es, en ese momento, lo más importante que tiene entre las manos. ¿Qué pasaría si fuéramos capaces de tratar los problemas y los obstáculos que la vida nos plantea de esa misma manera?
Es imprescindible recuperar a los niños que fuimos. Ya lo dijo Saramago.

31 comentarios:

  1. Cuando crecemos nos consideramos mejores, "maduros", perdemos ese nivel de inocencia que nos hace mágicos y, lo mas importante, que nos hace creer en la magia, que nos confiere esa ternura y ese modo de afrontar los problemas con inocencia y paciencia.
    Conforme vamos creciendo vamos perdiendo esa "fe" en las cosas, la "fe" en lo bueno. Por ejemplo cuando llegamos a cierta edad descubrimos que los Reyes Magos no son reales y cuando conociamos a alguien en el colegio a alguien que no lo sabia nos creiamos superiores o los considerabamos unos ingenuos. Seguimos creciendo y vamos perdiendo la inocencia, descubrimos que la maldad existe, nuestros amigos nos rompen el corazón y nos vamos volviedo fríos, desconfiados.
    Queremos crecer rapido y que nuestros padres nos traten como adultos y cuando te das cuenta de que el tiempo pasa mas deprisa de lo esperado y que el mundo no es tan fácil como lo creiamos rezamos y suplicamos por regresar a la burbuja en la que nos tenian encerrados, como cuando leemos un libro o vemos una serie que nos encanta y tras ver/leer el final querriamos olvidarlo para volverla a vivir en todo su explendor.
    La sociedad de hoy esta hecha para incrédulos, para emociones vacías y no se fomenta esa "magia", esa "fe" en las personas por lo que acabamos ahogandonos en un vaso de agua y desconfiadando de lo que nos rodea.
    Confiar y afrontar los problemas con ternura y paciencia es mas fácil y mas saludable que estar constantemente desconfiando de los otros y afrontando los problemas con cansancio, vida solo hay una ¿ por qué ni vivirla siendo niños como defendía Nietzsche?

    Marta Rodríguez Escudero. 2°BACH A

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  2. En la actualidad se piensa que la actitud que tiene el niño ante la vida debe ser algo pasajero, algo que debemos "superar" conforme crecemos, que debemos sustituir por una actitud seria, conformista, ante la vida. Pero puede que estemos equivocados, pues la ternura con la que este niño trata los "problemas" que se le presentan es abrumadora y, en mi opinión, un modelo a seguir a la hora de abordar cualquiera de nuestros problemas, porque teniendo una actitud así simplificamos mucho la solución de las cosas.
    Todos los chavales jóvenes escuchamos a los mayores decir cosas como: "si yo tuviera 9 años", "que bien vivía yo de pequeño sin tener que preocuparme de nada", etc y, sin embargo, queremos crecer crecer y crecer sin saber muy bien por qué, aunque en el fondo tenemos la certeza de que acabaremos igual, añorando los viejos tiempos en que eramos inocentes y vivíamos la vida sin pensar demasiado en las represalias, los problemas, las restricciones.
    Si hacerse mayor implica tirar los juguetes, tener que responder ante un trabajo de forma responsable y sin el menor interés, entonces quiero ser un impresionable chico toda mi vida, pero claro, eso no es posible, así que supongo que me conformare con crecer crecer y crecer, pero sin cambiar mi actitud con respecto a la vida más de lo estrictamente necesario, no pienso perder mi actitud de niño, lo poco de ella que me queda a estas alturas.

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  3. Cuando me pasaron este video, aparte de que me partía de risa, me impresionó mucho la forma en la que esta pequeña niña, apartaba al pollito, con tranquilidad y serenidad, muy ocupada con lo que estaba haciendo y sin despistarse en ningún momento. Nosotros que se podría decir que somos maduros (unos más que otros), aunque seguimos teniendo algo de niñez dentro de nosotros, nos seguimos fijando en la postura de nuestros padres, tios, gente que va por la calle… y todos ellos van a todas horas con prisa, no se detienen en nada, sólo en llegar a tiempo a su trabajo, a su cita o simplemente a su casa para descansar; esto lógicamente se da porque les falta tiempo para ir relajados y fijándose en los detalles que nos rodean. Cuando éramos chicos, era todo lo contrario, pues nos podíamos pasar la tarde entera relajados, jugando a nuestras cosas sin que nadie ni nada nos preocupase o nos molestase. Como bien ha dicho Tomás, solo queremos crecer, crecer y crecer, y cierto es, los jóvenes queremos crecer para poder ser mayores de edad y poder entrar en discotecas, consumir y comprar alcohol legalmente entre otras muchas cosas; los adultos (no todos pero sí la mayoría) dada la vida que viven, solo quieren correr y ser más mayores para que les llegue la hora de la jubilación y poder volver ser “niños chicos” con nada que hacer durante el día, pero con la diferencia de que estos sí que tienen problemas serios.
    Cuando nos vamos haciendo mayores, añoramos el que nuestros problemas sean el no tener un determinado lápiz de color, el que nuestros padres un día no puedan llevarnos al parque (lo vivo en experiencia propia con mi hermano de 9 años), etc. Yo al vivirlo, lo pienso muchas veces y me doy cuenta de que la vida cambia mucho y muy rápido, que como bien ha dicho Marta, los que pensabas que eran tus amigos, no lo son; cuando éramos chicos todos los niños del parque eran nuestros amigos, nos sobraban. Igual pasa con las parejas, impensable era para nosotros cuando teníamos 8 años lo que hoy en día, no es totalmente normal. En fin, lo que quiero decir aquí, es que admiro la tranquilidad que tienen los niños chicos al hacer las cosas y afrontarlas, que deberíamos fijarnos bien en ellos porque son los que más felices viven y que deberíamos detenernos en los pequeños detalles que nos rodean y a los que no les damos importancia, pero que cuando ya no están, nos enfadamos con nosotros mismos por no haberlos aprovechado.

    Paloma Giménez Yécora, 2ºBTO C

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  4. ¿Por qué perdemos la ternura y la creatividad que teníamos de niños? ¿Acaso es porque crecemos? No, es porque crecemos rodeados de personas mayores. Adultos que otrora perdieron su ternura y creatividad, porque tenían cosas más importantes que hacer, no tenían tiempo que perder en hacer las cosas con sosiego y dulzura.
    Los niños, que están descubriendo el mundo, que no entienden de estrés ni de ansiedad, aprovechan su tiempo con calma, dedicándolo a lo que les importa, sin agobio alguno, pues no corre prisa. Esta chiquitina del vídeo está concentrada en sus tareas, y cuando el pollito irrumpe en medio del folio lo aparta sin brusquedad alguna y despacito. Con ternura, sí. Porque no pasa nada, no ha perdido tiempo, sino que ha dedicado un poco a quitar al pollito para seguir con sus cosas.
    Éste tema no puede dejar de recordarme a libros como Momo, en el que los hombres grises y su banco del tiempo hacen que disfrutar al hacer las cosas despacito carezca de sentido y El Principito, en el que al niño que le gustaba dibujar boas abiertas y boas cerradas, le recomendaban los adultos invertir su tiempo en cosas más importantes y de provecho.
    No son los niños los que pierden la ternura, son los adultos los que prescinden de ella casi sin darse cuenta, sólo por ganar unos minutos más.
    Sé de primera mano cuán lentos y calmos pueden ser los niños pequeños cuando se concentran en algo, pues he trabajado por varios meses cuidando críos. A veces viene de maravilla, pues que un terremotillo de dos años lleno de energía se concentre un ratito en dibujar sentado es un respiro para el cuidador, pero otras, cuando el niño se entretiene con algo que no es lo que hay que hacer en ese momento, el adulto se estresa, instando al niño a darse más prisa, a dejar lo que está haciendo, porque no es importante, porque no es lo que hay que hacer. Estamos tan sumidos en horarios, responsabilidades, metas que cumplir al finalizar el día, que no nos paramos a hacer las cosas bien y dedicándoles el tiempo correspondiente. Atendemos más a la cantidad que a la calidad. Olvidamos el verdadero significado de invertir el tiempo, de disfrutar de las cosas.
    Estoy satisfecha de poder decir que en mis responsabilidades de cuidadora aprendí observándome a mí misma y a los niños, y que pude evitar robarles un instante de ternura o creatividad en vistas de que hicieran algo más importante o urgente. Me gustaría seguir así, con esta perspectiva de la vida y la paciencia necesaria para valorar lo realmente importante, pues ciertamente sin cariño no se puede educar, y a quien se le consigue educar sin cariño, paciencia y ternura, se convierte en un adulto gris. Y no queremos eso. Por ello soy partidaria de una educación más emocional que utilice la creatividad y la ternura para aprender y desarrollarnos, para que cada vez seamos más los niños y adultos felices, tiernos y creativos.

    Rosana Capita, 2º Bach A

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  5. Mucha gente me llama inmaduro, y es verdad: SOY INMADURO. En muchas ocasiones actúo como un niño pequeño pero eso no significa que no sea serio cuando es necesario. He tenido amplia retahíla de disputas con mi padre sobre este tema. El me pregunta cuando voy a madurar. Yo me pregunto si ser maduro significa centrarme solo en mis obligaciones, ser un borde, no disfrutar de las cosas simples de la vida, no ser creativo, no soñar y no sonreír, como le pasa a él. Si tengo que renunciar a todo eso, no gracias. Prefiero sufrir algo parecido al Síndrome de Peter Pan a dejar de ser feliz por el ''que dirán de mi si no actúo de manera madura''. Tal vez el SPP sea algo extremo y deba dejar de hacer el imbécil en muchas ocasiones, y tal vez deba también ser más serio a veces, pero no voy a dejar de soñar, de ser creativo ni de sonreír, como le ha ido ocurriendo a mi padre con los años.

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  6. Maria Jesus Rodriguez Martinez21 de mayo de 2014, 2:40

    Inocencia infantil, vivencia, alegría, falta de preocupaciones de la niñez. Eterna felicidad donde los problemas no eran más que esperar a que fuese la hora de comer y nos comiésemos la comida para poder disfrutar del paquete de patatas que nos habían comprado nuestros padres por la mañana. Eso de irse a dormir y nos dejar de inventar historias para quedarte dormido, esas ganas de que fuese por la mañana para empezar un día nuevo, esas ganas de que llegasen los lunes..¿dónde quedaron?
    Creo que nuestra sociedad, nuestro sistema educativo y laboral están mal planteados. A medida que crecemos nuestras preocupaciones, ocupaciones y obligaciones lo hacen con nosotros paralelamente, y no se debe sólo a nuestra culpa por una pérdida de la inocencia infantil, se debe a que la sociedad nos exige más y más, nos hace someternos a exámenes ionútiles y plantearnos a un barchillerato cuya finalidad de aprender y prepararnos para la universidad no está muy definida. Y es que claro, eso de evaluarnos lo capaces que somos o dejamos de ser a través de un folio escrito no tiene mucho sentido. Un día malo lo tiene cualquiera, un mes, un año.. Y por sacar más o menos nota en un ridículo exámen no somos más torpes, o más o menos capacitados para algo. El método de enseñanza deja mucho que desear, seis horas y media en una silla sentado, comer, horas de estudio por la tarde, y esto día tras día. ¿Dónde está ese tiempo para disfrutar de la vida? Se nos escapa día a día en una cárcel metidos todas las mañanas. Y en cuanto a la jornadad laboral, ¿de veras hay que echar tantas horas?, No sé, opino que sería mucho más eficiente echar menos horas y con un mayor rendimiento. En fin, los niños tienen el placer del tiempo libre para los sueños, para sus ligeras obligaciones, para la ilusión, para disfrutar de los detalles más pequeños de la vida como pisar sólo las rayas blancas en los pasos de cebra, o evitar pisar las líneas de las baldosas por las aceras. Deseo volver a estos años, me encantaría, y nada más que termine este segundo de barchillerato infernal pienso plantearme la vida de otra manera. Más disfrute día a día, que se nos escapa la vida y la dejamos huir sin difrutarla.
    María Jesús Rodríguez Martínez 2Bchto A

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  7. Este vídeo, y sobre todo en este momento, nos enseña mucho. Yo, como mis compañeros de 2º de bachillerato, estamos en una etapa en la que hay que hacer muchas cosas, muy rápido y además lo mejor que podamos. Vamos corriendo de un sitio a otro, para poder llegar a tiempo a las clases particulares de matemáticas y no perder ni un minuto de estudio de biología. Creo que a ninguno de nosotros nos haría mucha gracia que un pollito se pusiera a comer en nuestros apuntes de química para Selectividad. Esta niña, al contrario que nosotros, no hace su tarea corriendo, ella está sentada estudiando tranquilamente, sin perder el tiempo pero sin estrés. Entonces un pollito se pone a comer en sus papeles, un pequeño contratiempo que arregla apartando al pollito y por supuesto explicándole que ese no es lugar para comer.

    Todos deberíamos hacer las cosas con esa dedicación, con tranquilidad, sin estar pensando continuamente cuantas horas nos quedan para acabar o planteándonos si podremos dormir esa noche o no. El problema es que seguramente no podamos. Vivimos en una sociedad en la que a cierta edad (y cada vez antes) nos obligan a abandonar esa tranquilidad y esa dedicación de los niños. Recuerdo pasar horas y horas haciendo manualidades o leyendo en mi infancia. Pero entonces empiezan los exámenes, las montañas de deberes... En definitiva, tareas que nos vemos obligados a hacer sin que nazcan de nosotros y que tienen una fecha límite. Si tenemos que estudiar en dos semanas el temario que no nos ha dejado ni un minuto libre durante un año lo más normal es que no lo disfrutemos en absoluto o que la mera presencia de un pollito nos provoque un ataque de nervios.

    Yo soy de las personas que piensan que la sociedad se puede cambiar, pero hay que empezar por uno mismo. Lo primero que se debe hacer es intentar tomarse las cosas con más tranquilidad, llegar hasta donde uno pueda. Si no apruebas un examen de matemáticas a la primera no sirve de nada agobiarse ni compararse con los que si han aprobado, lo único útil es seguir intentándolo con la dedicación de la niña del vídeo (sin entrar en el tema de que las odias pero te obligan a estudiarlas, porque con eso se podrían rellenar páginas y páginas de comentario).

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  8. En fin, qué voy a decir yo que llevo toda la tarde estudiando física sin parar un sólo momento...
    Los adultos (o, en nuestro caso, proyectos de adultos) necesitan hacer las cosas rápido para poder hacer más, aquí poco importa la calidad mientras haya "cantidad". Nosotros, que estamos a tres cortas semanas de hacer la fatídica Selectividad, no hacemos más que estudiar y mirar apuntes y hacer ejercicios y estudiar y seguir estudiando. Para que en cuanto salgamos del examen empecemos a olvidarlo todo. No son más que datos que aprender mecánicamente durante un corto periodo de tiempo. Las cosas que de verdad aprendes e interiorizas no las piden en selectividad. Aun así, cosas como las que aparecen en este vídeo tampoco las enseñan, más bien lo contrario. Desde el primer día dicen que tenemos que ir corriendo, que no hay tiempo. Nunca hay tiempo.

    ¿O sí?

    ¿Por qué estamos empeñados en esa dudosa falta de tiempo? Igual gastando un poco más (porque haber siempre va a haber, al menos por ahora) se consigue algo más duradero y valioso. Ya habéis visto a la cría del vídeo. Sólo con un gesto que ha podido durar tres segundos ha conseguido hacer lo que se proponía con toda la parsimonia y dulzura del mundo, porque lo importante, en este caso, es no hacerle daño al pájaro. ¿Y si todos hiciéramos lo mismo?¿Y si todos tuviéramos un pájaro al que no queremos hacerle daño?¿Cambiaría algo?...

    Igual sí... igual debería seguir estudiando física...

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  9. Niños pequeños y animalitos, las claves para que en nuestro corazón se despierte esa dulzura y en nuestra boca se dibuje una sonrisa, no sé que tienen esas cosas o que no tenemos los demás para provocar esa reacción que tanto nos gusta pero, extrañamente, también odiamos al verla en una persona adulta, puesto que cuando tenemos un compañero (ya no solo de clase sino también en el trabajo) que es más tranquilo y hace las tareas sin preocuparse por la nota que le darán o lo rápido y eficiente que está siendo, lo criticamos, y nos saca de quicio verle trabajar con esa filosofía de vida estando nosotros al borde del colapso. Un poco hipócrita por nuestra parte o tal vez, envidia de no haber conseguido llegar a ese ritmo de vida. Una forma de vida que ha de tener un niño, diferente por supuesto a la tuya y que no puedes compararlas, tus responsabilidades no son las suyas ni sus tareas las tuyas.
    Igualmente tonto me resulta el querer parecernos a un niño puesto que esa etapa ya la hemos vivido y ha quedado en el pasado, y detenernos recordándolo y añorándolo no nos permite vivir el presente, que en el futuro si no lo vivimos ahora añoraremos no haberlo hecho. La niña por su parte intenta parecer más mayor como se puede oír en el lenguaje que emplea, viviendo el presente pero con aspiración al futuro (el futuro de ser mayor) como en mi opinión se ha de seguir haciendo y no al revés.
    Lidia Valdenebro Jiménez 2ºBach. A

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  10. María García 2 Bach A23 de mayo de 2014, 10:31

    Sí, es verdad, todos deberíamos hacer lo que la niña, nunca deberíamos perder la inocencia, la capacidad de librarnos de los problemas con un "quita que estoy estudiando" y hacer eso que estamos haciendo en ese momento sin pensar en que haremos en las próximas dos horas, tomarnos las cosas con paciencia y no perder el control... Dicen que los niños aprenden muy rápido todo lo que hacemos, y es así... por eso nos vamos convirtiendo en lo que somos, generación tras generación.
    Ojalá rompiéramos ese esquema y fuésemos nosotros los que empezásemos a adquirir los valores del niño, el afán de aprender todo el día, de superarse, su facilidad para huir de los obstáculos y que estos no afecten, vivir el momento, el instante que tenemos delante... en definitiva vivir como diría Nietzsche "de intuición en intuición" .
    Sin embargo tenemos que ser realista, esto es muy difícil por lo menos en mi situación, ¿cómo relajarte y tomarte la vida con tranquilidad, sin agobios y con dulzura cuando la mínima nota que tienes que sacar en selectividad para entrar en la carrera que quieres es de un 11'87? Cuando dormir 8 horas, comer con tranquilidad, disfrutando, y pasear se convierte en un lujo, cuando el día que te dejan 5 minutos más para un examen de filosofía o historia estamos seguro que no es Martes y 13 o que para subirte 0.1 en la media tengas que leerte un libro de 600 páginas en medio de miles de exámenes que encima ni te motiva o simplemente que te sientas mal por algo tan sencillo como ir a hacer la compra con tus padres o disfrutar de una cerveza y unas aceitunas rodeada de tus amigos, ya eso en mi situación y en la de muchos de mis compañeros es perder el tiempo.
    No sé en esta etapa de mi vida me es muy difícil "apartar al pollito" así sin más, a lo mejor para eso antes debería cambiar el sistema y no atiborrarnos de contenido que la misma tarde ya no nos acordamos y como esto miles de cosas más... o quizás somos nosotros que nos ahogamos en un vaso de agua, que sé yo.

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  11. Tal vez unos de los momentos más difíciles en la vida de una persona, o al menos en la mía, es cuando te das cuenta de que ser niño ha pasado de moda, y ya no sabes qué ser. Entonces, empiezas a ser lo que los demás dicen que seas, lo que todos son... y te olvidas de lo que fuiste.
    ¿Quien pudiera volver a ver el mundo a través de los ojos de un niño? Ojos por los que no pasa el tiempo, que no entienden de problemas, que transforman el mundo a su antojo.

    Actualmente, intentamos sacar a los niños de sus mundos para que empiecen a adoptar comportamientos de adultos cada vez a edades más tempranas, y me parece un error.
    Los niños tienen esa capacidad de sorprenderse por los pequeños detalles que pasan inadvertidos a los adultos. Tienen la necesidad de descubrir el mundo con el que de repente se han encontrado, de preguntarse el por qué de todo. ¡Se convierten en los mejores filósofos!
    La emoción de un niño al sentir el crujir de las hojas secas bajo sus pies en su primer otoño nos recuerda que nosotros los adultos dejamos pasar por delante de nuestras narices todos esos pequeños detalles que parecen absurdos, pero constituyen la belleza de la vida, porque estamos ocupados pensando, preocupándonos, planificando... La niña es un ejemplo, en esa perfecta imitación a los adultos, rechazando al pollito por sus "obligaciones".
    Crecer, madurar, forma parte de la vida, pero, ¡cómo cambiaría el mundo si olvidásemos esos comportamientos establecidos que adoptamos cuando crecemos y no sabemos qué ser, y recuperásemos la esencia vital infantil de filósofos artistas, como diría Nietzsche! Es necesario evolucionar, pero sin perder la curiosidad, la necesidad de crear, de soñar y creerse firmemente sus sueños.
    Aunque seamos adultos, de vez en cuando deberíamos permitirnos apagar las lamparillas, haciendo un guiño a esa simbología de Peter Pan, y volar lejos de ese mundo de adultos, real o inventado, que nos tiene atrapados, que nos impide vivir... qué difícil es ser niño en estos días.

    En conclusión, debemos ser adultos, sin perder la esencia que nos motiva a despertar cada mañana con la necesidad de hacer, crear, o descubrir algo nuevo. Y sobre todo, dejar que los niños sean niños. Dejarles soñar. Dejarles jugar a ser adultos, pero nunca permitir que lleguen a creérselo del todo. Nunca... ni siquiera cuando ser adulto haya dejado ya de ser un juego.

    Ana Belén Árbol Carrero, 2º Bach. A

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  12. En primer lugar tengo que decir que la tecla de la tilde de mi teclado no funciona.

    Bueno, este video es buenisimo, ojala yo pudiese decirle a un pollito tan lindo que estoy estudiando y que se vaya a otro lado a comerse su comidita, lo primero que haria seria jugar con el.

    Me hace gracia el hecho de que la mayoria de mis compañeros han comentado que deberiamos ser mas inmaduros para disfrutar de la vida como lo hacen niños pequeños, pero despues, cuando haces algo fuera de lo normal o de actitud de niño pequeño ellos sean los primeros que se rian de ti y te llamen inmaduro. Venga ya señores, mucho hablar y poco actuar. Yo mismo me considero uno de los mas inmaduros de segundo de bachillerato, y lo digo con orgullo. Yo creo que la gente se agobia al ver que tu vives mas feliz que ellos cuando eres inmaduro y por eso se burlan y se rien de ti. De chicos podiamos estar una hora mirando a la pared, mordiendo el sonajero y haciendo ruidos raros durante una hora sin interrupcion pasandonoslo bomba. Ahora con suerte puedes estar 10 minutos tirado en el jardin escuchando la naturaleza, sin pensar en que mañana tienes que terminar no se que proyecto y tienes que estudiar no se que asignatura para poder sacar buena nota.

    En resumen chicos, sed inmaduros y vereis la vida de un modo mucho mas bonito, lo que hara que seais mas felices y que sonriais mas...cosa que a muchos os hace falta.

    Peace out

    Pablo Ruiz Godoy / 2 Bach A

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  13. Hay personas que son muy creativas. Otras, no tanto. Según este artículo, necesitamos más personas creativas, pero, realmente, ¿qué es ser creativo? Para mí, creatividad es inspiración, saber amoldarse a las situaciones, romper los esquemas, dejar la monotonía guardada en un cajón, tener un proyecto constante de hacer y deshacer con derecho a improvisación, abrir nuestras mentes,... Como dijo algún filosofo antiguo: nacemos vacíos y nos vamos haciendo, llenándonos de ideas y de valores que a veces están impuestos por la sociedad.
    Así se da en el caso que nos describe Pablo: todos estamos de acuerdo en que necesitamos personas más creativas pero, en el momento en que alguien hace algo creativo o fuera de lo normal no tardamos ni medio segundo en empezar a criticarlo. Por esta razón, deberíamos sacar un poquito más de nuestro yo interior para mostrar al mundo, y dejar las preocupaciones, los agobios y las presiones, vengan de donde vengan, a un lado, bien apartadas, para dar paso a la parte de nosotros que quiere disfrutar del momento. El mundo necesita personas felices, abiertas a nuevas experiencias y sensaciones y dispuestos a afrontar cada situación con la mejor cara posible, pero, si cargamos con el agobio de la sociedad todo el rato, la posibilidad de ser personas creativas se vuelve casi nula.
    Por eso, en mi opinión, hay que perder el peso que recae en nuestros hombros y que viene de nuestro alrededor, porque si escarbamos en nosotros mismos, puede que encontremos esa creatividad que ha sido taponada por los valores de la sociedad, pero que realmente sigue ahí. Además, si fuimos creativos cuando éramos unos enanos, ¿quien dice que no podamos serlo ahora?
    Alicia Almagro

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  14. Es casi imposible ver este vídeo sin sonreír ¿No? Yo lo he visto infinidad de veces, y siempre he acabado con una sonrisa en la cara al ver como la pequeña niña trata al pollito, con tanta dulzura y ternura. Estoy en total acuerdo con ese pequeño comentario. Siempre que lo veo llego a la misma conclusión, y es que, nos complicamos demasiado con los problemas, cuando realmente podemos resolverlos de forma fácil y rápida. En mi opinión tenemos mucho que aprender de los niños.

    A medida que vamos creciendo vamos toda la ternura y la inocencia que teníamos cuando éramos pequeños. También se nos va la ilusión cuando vamos descubriendo cosas que nos hacen daño, y nos vamos volviendo más fríos, más serios. Llega un momento cuando somos pequeños en el que deseamos crecer rápido, tenemos ansias de libertad, ganas de entrar, salir, de ser mayores, de comernos el mundo, pero realmente cuando vamos creciendo, nos vamos dando cuenta de que nada es como nos imaginábamos ni esperábamos, de que la vida no es de color de rosa. Y es ahí cuando nos vamos dando cuenta de que crecer no significa solo libertad, sino también responsabilidad, madurez, consciencia. Entonces deseamos volver a ser lo que fuimos, simples niños inocentes, con ilusión, pero cuando llega este momento, ya es tarde, porque lo que se va nunca mas vuelve y nosotros nunca volveremos a ser los renacuajos que fuimos.

    Soy consciente de que cuando crezca añorare los tiempos en los que estoy ahora, igual que ahora añoro tener cinco años, pero aún así, quiero crecer, descubrir, conocer cosas nuevas, porque al fin y al cabo la vida se trata de avanzar ¿No? Así que con más o menos miedo tengo que seguir avanzando. No puedo asegurar que valla a madurar, o a ser siempre una niña, creo que lo bonito es encontrar un punto medio, ser madura cuando la ocasión lo requiere, y ser una niña y saber reírse de los problemas, al menos así lo veo yo.

    Miriam Rodríguez Vizuete 4ºESO C

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  15. Cada vez que veo el vídeo, me doy cuenta de que todos queremos crecer tan rápido, que cuando llegamos a cierta edad, añoramos nuestra época de infancia. De pequeños todo lo vemos bien, la vida perfecta, como en mi caso de chico decía " voy a ser el mejor jugador de fútbol del mundo y voy a ganar mucho dinero". Cuando crecemos esa ilusión va desapareciendo aunque nunca hay que perderla.
    A medida que vamos creciendo nuestra madurez nos va indicando que llegar a ser mayores no es solo hacer lo que queramos y vivir la vida a lo loco, en ese momento interviene el tema de la responsabilidad.
    Ahora mismo, a mi edad que aún soy un niño, como diría mi madre "soy un moco, un renacuajo" quiero volver atrás, en el tiempo del colegio. A veces decimos que es por los estudios que en el colegio es todo mas fácil, pero lo que de verdad nos gustaría es volver a ser esos niños que no tienen ni idea de lo que de verdad pasa a su alrededor, que en la vida todo es maravilloso.
    Ahora mismo, a muchos nos da miedo seguir adelante, todavía no sabemos lo que queremos ser de mayores de verdad, pero es el momento de equivocarnos, porque la vida sigue, todavía no hay una maquina del tiempo que te lleve atrás, es momento de cometer todos los errores posibles y aprender de ellos.
    Debemos aprender de los niños, y hacerles saber que tienen que disfrutar al máximo de su infancia, que tienen que creer en los Reyes Magos hasta que tengan hijos y que van a ser lo que ellos quieren de mayores, ¿por qué no?. Todos sabemos que en algún momento, la madurez va a llegar, y creo que cuanto más tarde sea mejor porque la infancia solo pasa una vez y no la puedes volver a repetir. Desde mi punto de vista lo veo así, no sé ¿Qué pensáis?.

    Miguel Álvarez-Rementería Burgos 4ºESO C

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  16. Mucha gente se preguntará el cómo se puede explicar que un simple vídeo te saque más sonrisas que una persona. Muchas veces, solemos necesitar algo que nos haga sentir bien, que nos saque una sonrisa o que nos haga reír. La gente tiende a buscar a personas con las que desahogarse, evadirse de sus problemas o como se suele decir "un hombro en el que llorar", pero en mi opinión pienso que muchas veces la solución no está en las personas, infinidad de veces hasta la cosa más mínima te puede alegrar a la vez que darte una lección. Como en este caso un vídeo, una canción e incluso tu propio animal de compañía.
    Es el caso de este vídeo, en el yo he podido ver un claro ejemplo de inocencia, algo que ya poco a poco la gente va perdiendo. No solo eso, también es un vídeo que te hace recordar, recordar tu infancia, aunque bueno de recuerdos se vive y es imposible dejar de hacerlo.
    Al crecer la gente va cambiando, se pìerde la "magia" y nos solemos agobiar con problemas, de repente todo se va volviendo un poco más difícil. Por eso, al ver esto me ha hecho pensar, reflexionar y preguntarme demasiadas cosas como qué voy a recordar cuando pase el tiempo o qué recordarán de mi. Lo importante es que cada persona mantenga su personalidad y su forma de ser y se sienta de orgullosa de lo que haya hecho en la vida. Aunque algunas veces nos equivoquemos debemos pensar que, como dice el refrán, "rectificar es de sabios".
    A lo mejor lo que nos hace falta es comprarnos todos un pequeño pollito al que echar porque nos esté ensuciando nuestros deberes o porque esté llenando de su comida toda la mesa y tal vez así podríamos seguir el ejemplo de esta pequeña niña, dejarnos llevar por el "espíritu infantil" que toda persona lleva dentro, hacer tonterías, reírnos de nosotros mismos, dejar de pensar en el qué dirán y, sobre todo, nunca perder esa inocencia.

    Erika Gazquet García 4ºB

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  17. Llevo más tiempo del que me gustaría reconocer intentando ordenar mis ideas para expresarlas en un comentario. Pero creo que no me ha funcionado demasiado, así que me dispongo a comentar como me vaya saliendo del corazón:
    Como ya han dicho otros, éste vídeo saca una sonrisa al que lo mira, porque hay que reconocer que esa monada de niña es sumamente adorable tanto expresándose como con sus actos.
    Ésta entrada me ha dado mucho que pensar, e incluso ha hecho que se me salten las lágrimas por culpa de mis propios pensamientos. Todos de pequeños hemos tenido algo a lo que cuidar y querer, como una especie de “amor” (no necesariamente a lo que pareja se refiere) y una parte de mi piensa que ese pollito es el amor de la niña...ese amor que, a día de hoy, pocos tienen. Porque son los niños los únicos capaces a querer de esa manera. El amor es algo que muchos hemos ido olvidando o convirtiendo en algo menos puro. Antes amabas algo por encima de todo, por ejemplo, yo tenía un peluche del que no me separaba, y si lo hacía, me echaba a llorar a moco tendido hasta volverlo a tener entre los brazos. Ahora ya no es así, si algo se pierde, rompe, muere o desaparece, puede ser remplazado por algo mejor. Si una mujer rompe sus zapatos favoritos se apena un poco y va a comprar unos nuevos. Si una niña rompe los suyos se echa a llorar y evita ante todo sustituirlos. En fin, que me voy del tema, como otros han dicho antes, hay mucho que aprender de los niños, y a amar las cosas y a las personas, a mi parecer, es lo más importante.
    Triana De los Santos Sánchez 4ºC

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  18. Me gustaría ser esa niña en estos momentos, que mi principal preocupación fuera tener los deberes manchados por la comida de mi pollito. Me gustaría saber que no lanzaría por los aires a mi pollito, pero ahora mismo si mi propio gato se paseara por mi habitación y desordenara todos mis trabajos, temería por su vida. Pero, desafortunada o afortunadamente, no tengo preocupaciones mayores que esas, y sin embargo, el hecho de crecer y asumir responsabilidades ya nos convierte en unos gruñones capaces de amargarnos por la mínima tontería, puesto que estoy segura que más de uno se habría llevado las manos a la cabeza al ver que todo el trabajo que llevaba realizando durante la tarde había sido destrozado por su encantador pollito. Yo lo habría hecho.

    Y aunque es cierto que debemos añadir parte de la inocencia y ternura que poseíamos en nuestra niñez a la mayoría de nuestras acciones, es bastante difícil conservarla, a medida que crecemos nos vamos integrando en una sociedad donde se nos exige responsabilidad y perfeccionismo o seremos pisoteados o considerados “débiles”, de todas maneras, necesitamos alcanzar esa madurez para llegar a considerarnos completos, y para ello, debemos dejar de lado a menudo nuestra ternura, nuestra inocencia, nuestro lado más niño en innumerables situaciones donde por mucho que nos empeñemos, no es posible resolverse con una actitud optimista. De manera que, esta preciosa etapa sólo comprende una pequeña parte de nuestra vida necesaria para avanzar, sin ignorancia no tendríamos curiosidad y sin curiosidad no aprenderíamos la mitad de lo que conocemos. Por tanto, dejemos que estos “niños” que conviven aún entre nosotros capaces de aportar su visión optimista, de disfrutar de los verdaderos placeres de la vida nos enseñen un poco a difuminar esos “verdaderos problemas”.

    En definitiva, nos haría falta plantearnos resolver y enfocar las cosas con el punto de vista de los niños que al fin y al cabo, está basado en el cariño e inocencia . Pues estoy segura de que la mayoría de conflictos serían resueltos con mejor resultado si todos tratásemos con la misma ternura y paciencia al problema o situación en cuestión.
    Paula Macías Pardo 4ºC

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  19. El pequeño comentario tiene toda la razón porque al menos a mí me hacía gracia como la niña quitaba al pollito con tal dulzura e inocencia y seguramente muchas personas hubiéramos quitado al pollito de mala manera, ya sea tirándolo o empujándolo pero no como lo ha hecho esta niña.
    Lo quitaríamos de esa manera porque la dulzura, ternura e inocencia se va perdiendo a medida que pasa los años, porque en esta vida no todo se ve como si fueras un niño. Al pasar los años la vida te va dando más “palos” o simplemente problemas que al menos con dulzura no se podrían solucionar, aunque muchas veces se podría solucionar pero parece que a muchas personas no le valen o no se dan cuenta y por todas esas cosas al final se va perdiendo todo lo que de niño teníamos. Si nos damos cuenta, al ser pequeño queríamos ser mayores, pero a medida siendo mayores deseamos volver a la edad que teníamos, esa donde nuestra mayor preocupación era no llegar a casa tarde por si nuestra madre nos castigaba. Muchas personas nos reímos cuando imitamos a niños pequeños, porque nos hace gracia el comportamiento tan despreocupado, inocente y dulce de los niños. Es entonces cuando añoramos esa época.

    Ángel Parrales Rodríguez 4ºC

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  20. Al leer esta entrada todos nos preguntamos el por qué de haber perdido esa inocencia, esa dulzura..
    Cuando se es niño siempre te preguntas “¿cuándo seré mayor?” realmente no sabemos la razón de esa pregunta, pero todos deseábamos serlo. Y cuando hemos crecido ¿qué nos queda de esa inocencia? De esos momentos cuando dos niños no estaban de acuerdo y resolvían los problemas jugando a ‘piedra, papel o tijeras’, ¿dónde ha quedado eso?
    Es cierto, que tenemos que madurar para poder afrontar los problemas que nos ponga la vida, y que si, que son duros los momentos por los que se pasan cuando te vas haciendo mayor. Cada día que pasa te vas dando cuenta de más cosas que antes no sabías que estaban ahí.
    La niñez, al menos para mí, es la mejor etapa de la vida; pero cuando se crece no todo son decepciones. No me gustaría ser toda la vida un niño porque esas cosas ya las hemos vivido, y quedan ahí en los recuerdos, es normal añorar el no tener preocupaciones o que el máximo dolor que nos provocase algo fuese una caída o que se nos perdiese un juguete. Aún así, cuando crecemos vivimos muchas otras cosas buenas, un primer amor, nuevas experiencias, nuevas amistades..
    Por supuesto, que al ‘hacernos mayores’ tenemos más responsabilidades y que cuestan su esfuerzo y sudor; como los estudios. Sí, nos quitan horas de sueño, dan fatiga , nos ponemos nerviosos, pero y ¿ la satisfacción de aprobar un buen examen, de obtener un título o simplemente del saber y conocer cosas nuevas? No deberíamos aferrarnos sólo a las cosas malas que nos suceden cuando vamos creciendo.
    Por muchos años que vayan cumpliendo nuestro cuerpo y mente, debemos saber resolver las cosas con paciencia y ‘cabeza’. Y el madurar no implica, ni mucho menos, dejar de lado nuestro lado de niños; que siempre estará presente .

    Julia Castañeda Colchero 4ºB

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  21. Me gustaría volver a ser una niña pequeña, una niña que se lo toma todo como un juego, todo es felicidad y alegría la mayor preocupación era que tu hermano se acabase de comer antes que tu y que tu perdieses, o cosas así por el estilo.
    La ternura que muestra esta niña en el vídeo es algo precioso, aparta al pollito de una manera tan especial de su tarea, que resulta un acto muy bonito. Lo hace con delicadeza, cosa que si ahora pasase, con unos años mas seguro que no lo harías así, ya que vas creciendo, la infancia va quedando atrás, te van molestando mas las cosas, empiezas a tener preocupaciones y problemas, y si ocurriese algo así con 15 ó 16 años a una chica, seguro que se cansaría del pollo y le haría algo, y no apartarlo de manera tan dulce. Y es que la infancia se pierde, esa parte tan bonita de nuestras vidas en las que no hay problemas, en las que empiezas a vivir, en la que solo haces sonreír o llorar por alguna cosa sin sentido, en la que tienes miles y miles de amigos y ves que todos son igual de feliz que tu. Y claro se acaba, esos años de infancia se van, y vas creciendo, y creces mas y mas hasta que llegan los problemas, las preocupaciones, gente a tu alrededor triste (que a lo mejor cuando eras pequeños también estaban tristes, pero para ti en esos tiempos todo era felicidad), que hay veces que sentirás que el mundo se te cae encima, que empiezas a perder amigos, a ganar otros, a ver cuales merecen la pena y cuales no, y creces, sigues creciendo, y habrá miles de momentos, miles y millones de ellos, en los que echarás de menos esa parte, sí, esa bonita parte llamada infancia.
    Rocio Masero 4ºC

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  23. Tras ver este vídeo, he recordado mil cosas. Principalmente, recuerdo con añoranza ese momento de mi infancia en el que deseaba crecer. Deseaba tener mi edad actual, estudiar en un instituto, rodeada de amigos, y tal vez un chico que estuviera enamorado de mi. Pero, ¿por qué querría eso una niña de siete años que tiene el mundo en sus manos? Con siete años podías ser cualquier cosa. Una bruja que trata de acabar con el reino pero se volvía buena al recobrar la memoria, una sirena, una niña que descubre la magia por primera vez, una espía que se infiltra en una sucursal y consigue que no salte la alarma... Pero no, en cambio, lo que yo más deseaba, era crecer. Y cuánta importancia le hemos dado siempre. Cuando faltaban pocos meses para cumplir años, ya íbamos diciendo que teníamos un año más. Sin saber, por supuesto, que unos treinta años después, desearíamos recuperar esos meses perdidos en el tiempo y rejuvenecer un poco.
    Pero, ¿de dónde sale esa prisa por crecer? La respuesta, como de costumbre, es la sociedad. Jugamos con muñecas adolescentes con un "genial sentido de la moda", las peinamos, maquillamos, ponemos tacones, e inventamos mil historias que se desarrollan en su entorno. ¿Qué niña no veía series como las Winx Club, H2o o Doraemon? Series en las que lo más importante es tu estatus social, y encontrar el amor de tu vida, tras una cortina transparente de fantasía infantil.
    Cómo no sonreír recordando el pasado. Esa mente tan inocente, tan ingenua, esa mente que veía el mundo lleno de posibilidades y diversión. Esa mente que podía ser feliz en un mundo caótico.
    Es triste y nostálgico pensar en todo esto. Pero siempre podemos contribuir de alguna manera. Hagamos la infancia más duradera y feliz, y dejemos de lado esa estupidez de entretener a los niños con televisión o tablets con tal de que nos dejen tranquilos unas horas. Enseñémosles a jugar solos, a dibujar, a crear historias y personajes, a imaginar, y a ser pequeños héroes en un enorme mundo.

    Lucía Jaén 4ºB.

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  24. Sonríe, aveces con una sonrisa y buen humor lo podemos conseguir. Sobretodo en esta época, en la que no hacemos mas que estudiar, pensar y agobiarnos por el examen que tenemos al día siguiente. En estos momentos de dificultad es cuando mas tenemos que sonreír, volver a ser niños, aunque cueste, niños que no tienen mas preocupaciones que las de divertirse y ser felices, la sonrisa es contagiosa y creo que este vídeo es una de las formas mas tiernas de hacernos sonreír y olvidarnos por unos minutos de algunas de nuestras muchas preocupaciones. El hacernos dar cuenta de que en realidad no somos tan mayores, ni nuestros problemas son tan problemas, que le damos demasiada importancia a cosas que realmente no las tienen, que nos comportamos como inmaduros en ocasiones por no creer en nosotros, por guiarnos de modas, personas que tenemos como "ejemplos a seguir" y realmente no nos aportan nada, por intentar aparentar algo que no somos, por creernos algo que no somos, y aun, seguimos siendo niños. "La sonrisa es el reflejo del alma"
    Luis Pavón Perejón 4ºC

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  25. Un vídeo muy dulce, sin duda. Por lo que he leído, este vídeo a mucha gente le hace añorar su infancia, a otros les hace querer sonreír a la vida, y cosas de ese tipo. Espero no ser tachada de ser insensible, pero a mi este vídeo simplemente me hace añorar mi infancia. Es una niña, muy dulce, sí, diciéndole a un pollito que se aparte de su hoja, pero solo eso. Si, es verdad que me hace añorar mi infancia, pero no me produce el pensamiento de que habría que sonreír más, o de que deberíamos ser mas inmaduros. Si pienso que todos debemos sonreír a vida, y quizás ser algo más inmaduros de vez en cuando, ¿por qué no? Pero no lo pienso gracias a este vídeo.
    Por otra parte, me hace recordar mi infancia, porque yo he sido así alguna vez, he sido una niña pequeña, como la del vídeo, sin preocupaciones. Estaría genial volver a esa época, ¿no? No exámenes, no estudios, no agobios. Aún recuerdo cuando decía a mi madre que quería ser mayor. Ahora me arrepiento. Cuanto más mayor eres, más obligaciones tienes, y por lo tanto más compromisos, más faltas para cometer, etc. También es cierto, que si ahora mismo volviese a ser una niña pequeña, seguiría diciéndole a mi madre que querría ser mayor. No todo son cosas malas al fin y al cabo.

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  26. Este video me ha hecho pensar en lo fácil que se ven las cosas cuando eres pequeño, todo lo miras de una manera más sencilla y le buscas menos problemas a todo y cuando tienes que solucionar algo, como el caso de la niña, lo haces de manea directa pero con cariño.
    Opino que no deberíamos perder nunca esa parte de niño que llevamos dentro así nos complicaríamos menos la vida, solucionaríamos mejor los problemas y en definitiva seríamos más felices.

    Alba Cruz Zapata 4ºB

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  27. Este video nos hace recordar dulces momentos de nuestra infancia en la que no habia responsabilidades ni problemas plantearse la vida con más madurez hace que tal vez se pierda esa dulzura. Con el tiempo creces y ves como la vida empieza a complicarse. Por eso ver a esta niña tratar con tanta seriedad y ternura al pollito hace que te arranque una sonrisa que es lo que hace falta en esta vida, reir mas.

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  28. Un vídeo enternecedor donde los haya. Muchos echan de menos tener algo de niñez en sus vidas, puesto que la recuerdan como ese sentimiento de nostalgia que se hace más y más tenue al estar solos en un mundo de adultos serios y responsables, sin cabida para los sueños. Por otra parte, a los afortunados que conservamos la niñez en nuestras vidas, esta no deja de sorprendernos; lo digo yo, que tengo un hermano de tres años que me asombra cada día, por su facilidad para tratar cualquier problema, la forma simple pero correcta que tiene de ver las cosass... Cada día intento imitar su forma de dar soluciones simples y claras a problemas complejos; y no solo eso, todos echamos de menos ese pequeño ''niño interior'', como se suele decir, pero aquellos que son inocentes, soñadores, enamoradizos, los que no aceptan un no por respuesta y aquellos que creen en la ''magia'' (en el término más amplio de la palabra) son llamados inmaduros y críos. Me río de esos pobres necios que rechazan esa jugosa tarta que la vida nos ofrece, ese mar de posibilidades, ese ideal... y más teniendo en cuenta que está al alcance de todos. Que ellos hagan lo que quieran, pero doy un golpe en la mesa y digo: ¡seamos críos! No nos cerremos puertas, no tengamos miedo a nada, no pensemos en el qué dirán... ¿Por qué debemos pensar en lo que es mejor y no en lo que deseamos? ¿Por qué esa parte tan bella del ser humano debe desprenderse con el paso del tiempo? Necesitamos esa ''magia'' en nosotros, pues eso es lo que nos hace humanos.

    Sergio Paulo García 4ºB

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  29. Este vídeo hace que las personas añoren aquellos momentos de infancias tan bueno en lo que la mayoría era reír, jugar , correr, saltar.... El ver como esta niña aparta a ese pollito con tanta parsimonia y el como le explica que esta haciendo los deberes con esa dulzura hace plantearse tratar temas con mas tranquilidad, y mirarle el lado bueno a las cosas por no siempre todo es tan malo. También en algunos momentos hay que recuperar esa parte de niño, por que uno no se debe olvidar nunca de cuando fue niño. Según uno va creciendo va añorando épocas anteriores en la que disfrutaba mucho.
    Por eso para mi opinión es disfrutar lo mayor posible de cada etapa para después no arrepentirte de nada

    Enrique Castillo Ruiz 4ºC

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  30. Este vídeo me recuerda mucho a mi infancia, cuando no tenía preocupaciones y todo era más fácil. Antes tenía muy claro lo que queria ser pero ahora las cosas cambian y ya no sabe uno ni lo que quiere. Cosas como este vídeo te hacen olvidar los problemas y te hacen pasar un buen rato acordante de muchas cosas que pasaste de pequeño, momentos que has vivido o el recuerdo de ir siempre sonriendo por hay no como ahora.
    La verdad esque me alegro de que haya vídeos como este y no ver un vídeo en el que traten temas malos como los que se suelen ver.
    Borja Ruiz Cabrera 4B

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  31. No lo entiendo. ¿Por que la madurez se relaciona con la seriedad? He leído algunos textos.(Otros de refilón, para que mentir.) Y me pregunto porque un adulto ha de ser serio y trabajador. ¿No puede ser divertido? ¿Que preferíais? ¿Un hombre serio que os dijese hola a secas, o un verdadero compañero que se pare para hablar porque realmente le interesas? Tal vez la sociedad este hecha y constituida para transformarnos en robots sin sentimientos. Y se que la mayoría de los que leen este texto pararán al saber que tengo quince años. Porque soy "pequeño" y no puedo opinar en cosas de mayores. Pero tengo una pregunta. ¿De verdad es necesario ser un robot para trabajar de forma productiva? ¿Tanta necesidad hay de hacerlo todo ya ya? No se el futuro. No se por donde me llevará la vida y no se como acabaré. Pero si se que lucharé por ser un chico con ilusión. Un chico confiado y enamorado de la ilusión. Tal y como me han descrito algunas personas: Inteligente, imaginativo, perseverante, increíble y que llegará lejos. Si puedo hacer todo eso siendo un chico "inmaduro", ¿es necesario ser maduro? ¿Tenemos claro el verdadero significado de madurez? He leído la publicación y he visto el vídeo. Y me gustaría pensar que voy a aprender de esa niña y a trabajar los problemas de forma tranquila y perseverante. Y si tú, que lees esto, sabes la respuesta alguna de mis preguntas. ¿Te importaría desvelar el secreto a un impresionable adolescente?
    Gracias por leer.
    Antonio Álvarez Toro

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