Ayer un antiguo compañero de casa, hijo
de españoles y nacido en Venezuela, se pasó a recoger el correo extraviado. Me
alegró mucho saber que otro antiguo compañero había conseguido un nuevo trabajo
en uno de los circuitos más importantes de Inglaterra. Este chico, nacido en la
India con título universitario y Máster ambos ingleses, es una de las personas
más brillantes que conozco y sinceramente, se lo merece. 'Pero… qué es eso de "sort of" ¿le han dado el trabajo o no?' Mi amigo me explicó que en la empresa lo
quieren, pero que no podían contratarlo aún hasta resolver el visado, gran
barrera que castiga a los no europeos (por ahora) en este diverso e
intercultural país. Para mi sorpresa, el problema no era esta vez el tedioso
papeleo, ni los interminables plazos, ni la no disposición del equipo de la
empresa para contratar a un no inglés. La razón era la
propia oferta de trabajo en sí. Al parecer, para contratar a mi colega debían
demostrar que la oferta había sido pública durante al menos 6 meses y no habían
encontrado ningún otro candidato en ese tiempo.
Básicamente un candidato inglés con menos cualificación, menos experiencia y
menos cualidades podría arrebatarle alegremente la plaza y quedarse tan a gusto
en su roñosa casa, atiborrándose a curry indio tikka
masala (versionado para paladares ingleses) y ahogándose en litros y
litros de té "made in India". 'Y se va a poner
peor!' añadía mi antiguo compañero. Porque esto es ahora y todavía sin Brexit.
Porque la realidad siempre ha sido ésta, porque no nos quieren.
En mi empresa, un doctor jefe de equipo,
sensato, muy muy brillante, sociable, abierto y con todas cualidades tolerantes
de las que normalmente y muy habitualmente carecen los locales, votó a favor
del Brexit. Su equipo está formado por ingenieros extranjeros de Polonia,
Italia, China y España. Trabajadores entre 25 y 30 años que vinieron muy bien
formados (mucho mejor que la mayoría de ingleses) de sus países de origen a
desarrollar la economía de éste su país. “La crema”.
Ceguera, o como dirían mis antiguos
profesores de ingeniería, un error de conceptos. Ellos, los locales, piensan
que venimos a arrebatarles los maravillosos beneficios, derechos y placeres de
su clima, su gastronomía, sus salarios y su “ill-defined” sociedad. La realidad
es otra. Venimos porque no tenemos otra opción, no queremos estar aquí y no nos
gustan ni su té, ni sus “beans”. Ya era bastante duro emigrar, pero gracias,:
cada golpe me hace más fuerte y aumenta mi resentimiento acumulado.
¿Y en serio nos preguntamos por qué
ocurren los delitos de odio? ¿Por qué los jóvenes se radicalizan?
Al menos a mí no me matan en mi país de
origen.
Clara Marina, colaboradora del grupo Aequitas25
