13 de marzo de 2017

El otro día me sentí mujer

   Hoy, en esta entrada, no os vengo a hablar sobre ninguna desagradable o impactante noticia (pan nuestro de cada día), ni – aunque su carácter inmanente sea este – a hacer una denuncia directa sobre algún tema preocupante de nuestra sociedad; sino que hoy vengo a compartir con todos vosotros, lectores pero ante todo personas, una reflexión dimanante de una invisiblemente común situación para mí, hasta verme envuelto en ella por primera vez con los papeles intercambiados.  Pero también vengo a disculparme.

 
    Piropos, chiflidos, acercamientos, caricias e incluso comentarios excesivamente amableson todos partes de una práctica muy común hoy día como es el flirtear sin pudor alguno.  Coquetear no es malo: es algo totalmente natural y sobre todo a temprana edad; pero esta inocuidad se ve truncada cuando la persona objetivo del “cortejo” no se siente cómoda con ello ni hay reciprocidad en la atracción, y es esto lo que a menudo ignoramos o no entendemos con la suficiente convicción como para saber que ponemos en una situación verdaderamente incómoda a la persona atacada, porque así es como se siente.

   Me encontraba en casa de un conocido (cuya identidad mantendré sin desvelar por no afectar a su privacidad) al cual visito casi mensualmente en su lugar de trabajo, pero que por determinadas circunstancias se había visto “obligado” a citarme en su vivienda esta vez.  Yo, totalmente confiado de recibir el mismo trato profesional del que siempre había gozado por su parte, acudí a la cita sin temor ni prejuicio alguno.  Ahora puedo decir que fueron unos de los 30 minutos más agobiantes e incómodos que he pasado en mucho tiempo.

   Desde un primer momento la amabilidad y simpatía con la que él me trataba me resultaron chocantes.  Nunca antes se había comportado de aquella manera, pero yo achaqué (erróneamente) aquella espontaneidad al entorno de confort en el que se hallaba al estar en su propia casa.  Poco a poco los comentarios y caricias demasiado amigas se fueron sucediendo, poniéndome cada vez más en una situación que no era capaz de controlar, y aunque mi comportamiento dejaba claro mi no interés, no provocaba variación alguna en su constante y mortificante flirteo.  

   “Así es como se sienten ellas”, pensé cuando por fin, ya acabada mi cita sin incidente alguno, conseguí salir de allí.  Aquel día me sentí mujer.  Me sentí mujer porque desgraciadamente son ellas las que por nuestra parte, por parte de los hombres, reciben día a día un trato, a veces de carácter incluso acosador, que es realmente insoportable, cosificador si cabe.  Imaginad tan siquiera la presión que eso tiene que producir en, por ejemplo, un entorno laboral si tuvieras que aguantar por parte de todos tus compañeros e incluso jefes continuos piropos o acercamientos.
   
   Está claro que en la gran mayoría de los casos no se hace con la intención de ofender, incomodar o acosar a alguien, pero me basta con haber vivido esta experiencia una sola vez para saber ahora que, con un poco de consciencia, se les puede evitar este mal trago a muchas personas, se les puede evitar a muchas mujeres.  

   El otro día me sentí mujer, y es por esto por lo que pido públicamente perdón a cualquier persona que alguna vez se haya sentido incomodada por mi parte, o por parte de cualquier otro hombre, porque me hizo falta verme en la situación para comprender que, aunque inintencionadamente, hacemos mucho daño.

     Fernando del Águila, colaborador del grupo Aequitas25

12 comentarios:

  1. Sin duda alguna, comparto todos y cada uno de los pensamientos que nos expone en este artículo mi compañero Fernando. No solo ha sido él el que se ha sentido incómodo ante una situación, hemos sido todos. Todas las personas, incluida yo, hemos pasado por algún momento de agobio en el que nos hemos sentido inferiores o infravalorados por la persona o grupo de ellas que hemos tenido a nuestro lado. Y, al menos en mi caso, no han sido pocas. Han sido varias las situaciones en las que también me he sentido como si no valiera, como si mi persona no tuviera importancia y, créanme, no es para nada agradable.

    Bien, pues nunca había relacionado estos casos en los que me he sentido mal con el continuo trato de inferioridad recibido por el sexo femenino. Y es aquí, después de leer este artículo, cuando empiezo a entender (aún más) el enfado y la indignación de este sexo ante las situaciones de incomodidad que reciben continuamente. No hace falta decir cuales son las situaciones de las que hablo y me refiero, porque todos las conocemos. Están ahí. Están en nuestro día a día. Las vemos, las ignoramos... pero, ¿todo el mundo se ha parado a pensar, al igual que yo, que somos nosotros también los que sufrimos (en otra medida, claro está) esos tratos incómodos y desfavorables? Creo que no, pues todo el mundo que se haya parado a pensarlo, se habrá dado cuenta de que alguna vez ha sufrido de esto, se ha sentido infravalorado y sin importancia. Pues bien, una vez la persona se haya dado cuenta de que él también ha pasado por estas situaciones, es cuando se da cuenta (o mínimo, se le viene a la cabeza si es una persona que se interesa y lucha por la causa de la violencia de género) de que los casos por los que ha pasado son idénticos a los que sufren continuamente las mujeres en muchos de los aspectos de la vida.

    Bien, pues hoy no vengo a mostrar únicamente mi opinión sobre este tema, sino que vengo a recomendar e invitar a que todo el mundo lea este artículo porque puede hacer ponerte en el lugar de esas cientos y miles de mujeres que sufren tratos discriminatorios en continuos momentos de su vida. Pienso que si todo el mundo llegara a darse cuenta que el trato recibido por las mujeres es muy similar al que recibimos los hombres también en otras circunstancias en algunos ámbitos de nuestra vida (pero que al fin y al cabo, son tratos discriminatorios también), sumaría mucho más para acabar con el problema del machismo que tanto afecta a esta nuestra sociedad, pues sería un motivo más para ver la realidad que hay cada día. Por eso, recalco, invito a todos los lectores de este blog a que se detengan a leer este artículo y recapaciten sobre aquellos momentos donde son víctimas de estas situaciones que sufren diariamente las persona del sexo femenino, y que, por supuesto, deben de dejar de existir para conseguir de una vez por todas la sociedad igualitaria que muchas personas estamos luchando para conseguir.

    Alberto Reina Madueño, 2ºBach A

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    1. Es realmente lamentable que este tipo de acoso sea el pan de cada día de numerosas mujeres a lo largo y ancho del planeta. Y más,en la avanzada, civilizada y evolucionada sociedad en la que vivimos, gozamos con plenitud de todos los Derechos Humanos habidos y por haber, además, la mujer ha conseguido tras arduos años de lucha. Aunque bueno, esta descripción de la sociedad es la proporcionada por la mayoría de medios de comunicación y gobiernos pertenecientes a las potencias mundiales.

      A veces, da la sensación de que, debido a que "ahí fuera" todo está peor, ignoramos por completo lo que ocurre en nuestros países, ciudades, barrios y casas. Es evidente que en las naciones occidentales, la mujer no sufre el grado de opresión propio de otros muchos países pertenecientes a Oriente Medio o África. Pero debe quedar que la mujer, en nuestra sociedad, no está exenta ni lo más mínimo de una de las mayores lacras sociales de la historia de la humanidad, el machismo.

      ¿Cuántas mujeres conocen ustedes que han sido catalogadas como practicantes de la prostitución por el mero hecho de mantener relaciones con más de una persona?, ¿cuántas veces han podido ver un material promocional que traiga consigo una sexualización o cosificación exagerada de la mujer?, y lo que es más importante, ¿cuántos casos de violencia machista ocurren a diario delante de nuestras narices? . Quizá, relacionar este tipo de actitudes propias de un cavernícola, como es acosar sexualmente a una mujer, con el asesinato pueda verse como una exageración o incluso como un disparate. Desgraciadamente, no es un disparate ni una teoría conspiranoica sacada de un foro de Internet. El machismo es como un virus silencioso que infecta nuestra sociedad, y se va incubando poco a poco dentro de todos nosotros. Con el paso de los años, vemos normal ciertas conductas machistas. Esto, conduce a cualquier persona a tener, ya en su supuesta madurez, una mentalidad completamente repugnante y denigrante para la mujer(aunque el sujeto en cuestión no sea consciente de ello). Es por ello que, cuando en el telediario vemos que otra mujer ha sido asesinada por su marido, mucha gente se pregunta por qué ha sucedido esto, o, directamente, piensa que es un caso aislado, alejado totalmente de las cuestiones de género.

      Experiencias como las que nuestro compañero Fernando ha expresado en este artículo, sirven para dar luz a los incontables e incesantes casos de acoso y abuso sexual hacia la mujer, ya que vivir algo así en nuestras propias carnes nos hace directamente empatizar con cualquier otra persona que haya sufrido algo similar. No obstante, todavía queda mucho que hacer. Los hombres deberíamos, a la vez que las mujeres, tomar conciencia de una vez, y dejar a un lado los tóxicos pensamientos y actitudes machistas. Solo unidos podremos acabar con esta lacra. Está en nuestra mano, feminismo o ignorancia y opresión.

      Fco Javier Pastor Bejarano 2ºBach B

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  2. Es cierto que hoy en día son muchas las situaciones incómodas que se dan debido a querer ligar con una persona que no siente el mismo interés que la otra.

    En numerosos casos llega a ser agobiante y poco agradable para la otra persona, incluso hace que nos sintamos incómodos. Cada vez estas situaciones ocurre mas temprano incluso en la etapa pre-adolescente, llegándose a ver incluso en las aulas de un colegio de educación primaria. Este tipo de acoso, por así llamarlo, puede trasladarse al ámbito laboral, creándose un malestar en el entorno de trabajo.
    ¿Creen que insistiendo mas, van a ligar más? Yo creo que no. Llevamos mucho tiempo detrás de esto, aun no han aprendido a ligar... Me parece vergonzoso, que estos casos incómodos, en los que nos entran ganas de marcharnos y no volverlo a ver sigan pasando y que ellos no se den cuenta de lo mal que nos sentimos. Muchas veces me que planteado darle una guantada a uno y decirle que me dejen en paz que son unos pesados, pero aun así por mucho que se lo digas parece ser que a ellos no le gustan y seguirá insistiendo.

    Hay que ser mas respetuoso aunque siempre mostrando cordial y educadamente nuestros sentimientos. Aprender a no insistir cuando vemos que la otra persona no cede. Si tuviese que dar algunos consejos para que el interesado o interesada se de cuenta del rechazo le diría que mirara a los ojos directamente mientras habla con la otra persona, si ahí observa la negativa postura del otro, debe parar la insistencia porque en ese momento pasaría a considerarse acoso.

    En conclusión... ¡DI NO A LOS PESADOS!


    Ana Virosta Vela 2ºBach A

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  3. Me alegra que algunos hombres sean conscientes de la incomodidad que pueden crear con estas situaciones, ya que lo normal es que sea al contrario. En esta sociedad machista, en la que está impuesta la cultura de la violación, el hecho de que una mujer no quiera responder a flirteos no se toma como algo normal. De hecho, incluso llega a que el hombre en cuestión se indigne y enfade, simplemente porque ella ejerza su derecho de ser libre.

    Y es el mayor problema, que queremos ser libres y no nos dejan. Nuestros actos siempre van a estar influidos por la sociedad patriarcal o las conductas que llevemos deben salir del patrón que tenemos impreso todos en la cabeza. Siempre van a ser objeto de burla o de cuestión, ya que luchamos por romper esta penosa normalidad. En estas "pequeñas" acciones se refleja el papel que esperan muchos hombres de nosotras, como si fuesemos simples objetos para su uso y disfrute. Como si se tuviese que tomar como un halago el hecho de que te miren con ojos de depredador o que te dediquen palabras babosas, cuando el único sabor que dejan es de repugnancia. Se creen que tienen el derecho de opinar sobre nuestro físico, vestimenta y vida en general, como si fuese algo suyo. Además toman el miedo que sentimos ante estas propuestas como una estupidez, como si exagerásemos. El miedo que tenemos al volver a casa de noche, el sentimiento de culpa que podemos percebir al sentirnos atractivas ya que nos relegan a algo de adorno, la incapacidad de expresar nuestro cuerpo de la manera que queramos no debería ser normal. Estas situaciones han conducido a violaciones, y en vez de echar la culpa al hombre en cuestión, se le achaca a la vestimenta de la víctima. Y eso es lo que somos, víctimas, ya que vivimos situaciones que no queremos y no merecemos. Ellos lo toman como una exageración porque no les conviene que esto cambie, ya que siempre saldrán favorecidos si la sociedad se mantiene igual.

    Pero ya no más, porque somos libres y estamos completas, no vamos a ceder a lo que espere un hombre de nosotras. Y por estas cosas y mil más, es el motivo de nuestra lucha, y estoy orgullosa tomando parte en ella. A la vez, al leer los comentarios de mis compañeros me he llevado una alegría, porque nosotros somos el motor de cambio, y en el plano general de los hombres siempre resaltarán algunos que no se dejen llevar por lo impuesto y sigan su definición de justicia, siendo aliados en nuestra causa.

    Sofía Ruiz de Velasco 2ºBACH A

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  4. Suscribo plenamente lo compartido por vosotras y vosotros. El comienzo del fin de esta lacra social empieza cuando lo reconocemos y no nos callamos. También cuando nos ponemos en vuestro lugar, compañeras del camino de la vida o personas víctimas de todo tipo de violencia y nos hacemos un grupo humano que clama dignidad y respeto. Felicidades a todo el grupo por vuestro compromiso con un objetivo tan importante en la sociedad del siglo XXI y que tiene demasiado arraigo en sdiferentes latitudes y culturas.

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  5. Es muy difícil que algún hombre se encuentre en alguna situación similar a la que describe mi compañero Fernando en la entrada. Es difícil básicamente porque estamos acostumbrados a que normalmente sean las chicas las que sufran este tipo de acoso: el acoso del flirteo. Los chicos, a menudo, esperan a que las chicas estén un poco más receptivas para comenzar con su ritual (en casi todos los casos el mismo) para conseguir que la chica se ablande y caiga en sus redes.
    Conversaciones sobre temas que les guste, caricias que producen cosquillas en los antebrazos para relajarla, pedirle que se acomode, hablarle al oído (si es que están de fiesta) para que el contacto sea más cercano, reírle siempre todo lo que diga… Con todo esto se intenta conseguir lo que desde un principio era el objetivo. Sin embargo, no somos conscientes de que, en la mayoría de las veces, lo único que se consigue con esto es que califiquen de pesado o de baboso al chico que las intenta persuadir. Las cosas al final no se consiguen así y ellas, acostumbradas por desgracia a este tipo de técnicas, no se fijarán jamás en alguien que intente conquistarlas de manera tan absurda y evidente.
    Están tan acostumbradas, son tan fuertes a este tipo de acoso que han conseguido ser mucho más listas de lo que normalmente se cree. Son ellas, a pesar de sufrir siempre el mismo papel, las que manejan a los hombres, las que no se dejan ser utilizadas fácilmente, las que marcan las pautas de cómo van a ser las cosas; son: las fuertes. Las fuertes porque han vivido más de una, de dos, de tres veces la misma situación, porque ya saben lo que viene después y, sobre todo, son las más fuertes porque han aprendido a decir no. Decir no a cualquier persona que las trate de manera condescendiente. Decir no a todo aquel que piense que son un juguete. Decir no a todo aquel que piensa que tratándola amablemente durante un par de horas llegará a su objetivo. Decir no al acoso del flirteo. (+)

    Óscar García Portero 2º BTO A

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    1. (+) Son ellas las que sufren, las que aguantan, las que tienen que seguirles a veces el rollo para no ser unas desagradables… Son ellas las víctimas una vez más. Y parece que no nos damos cuenta de que a veces nos pasamos de la raya, de que las hacemos sentir incómodas, de que las cohibimos y, en ocasiones, conseguimos que no sean ellas mismas con nosotros. Por eso, es difícil que un hombre se vea en esa situación; pero no imposible (solo que de una manera u otra resuelven la situación de una manera más descortés que cualquier manera con la que una chica diga basta a un chico). Y creo que todos sabemos en qué situaciones se sienten los chicos mujeres. Sí, cuando es otro chico el que intenta flirtear con ellos.
      Cuando se da el caso de que un chico homosexual intenta ligar con otro chico (en este caso heterosexual), es cuando esos que normalmente son los que lo intentan todo para conseguir a la chica a la que quieren sufren lo que ellas sufren y se sienten mujer por primera vez. Ahí es cuando se ven en la incómoda situación del no saber qué hacer. Pero normalmente lo resuelven rápido: “yo respeto a los gays, de hecho tengo amigos gays, pero a mí que no se me acerquen”. Por lo tanto, cuando después de un rato pillan las intenciones del otro (porque sí, somos más lentos) es cuando le dicen las cosas claras al otro sin importar las maneras.
      Después de describir estas dos situaciones podemos decir que, efectivamente, los hombres y las mujeres no sufren esto por igual. Sin embargo, cuando un hombre lo sufre no reacciona de igual manera ante las circunstancias que una mujer; y esto es, como he dicho, porque ellas han conseguido ser más listas, han conseguido ser fuertes y buscar la forma de soportar pero hasta cierta medida. Nosotros jamás conseguiremos lo que ellas han conseguido en este tema. Nos llevan mucha ventaja, una ventaja que no podremos recortar a no ser que nos demos cuenta de lo que hacemos con ellas. Nos tenemos que dar cuenta de que a veces las usamos como títeres, con la diferencia de que ellas saben de quién es la mano que las mueve. Consiguen oponerse al movimiento de sus cuerdas, cortándolas poco a poco hasta que el titiritero se da cuenta de que, paulatinamente, su marioneta deja de ser manejada por él y pasa a ser él el manejado por su marioneta.

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  6. Puede que no todas lo reconozcan, puede que incluso no interpreten estas actitudes como lo que son, acoso. Y habrá personas a quienes le agradará y les hará sentir bien el típico piropo, la mirada descarada o cualquier otra señal de interés por parte del otro subida de tono. Probablemente sea porque necesitan sentirse atractivas. Para ellos.
    Con esto no pretendo generalizar diciendo que el hecho de flirtear sea inapropiado en sí, pero es cierto que muchas (demasiadas) veces no se toma consciencia de lo que se hace o dice y, sobre todo, no se tiene en cuenta la repercusión que tienen los actos sobre las demás personas.
    Un punto que cabe destacar en relación con el tema en cuestión es a aquellos jóvenes que te miran de arriba a abajo cuando caminas por la calle, que te piropean sin conocerte, que te gritan e incluso te insultan si no obtienen respuesta o si la respuesta es una mirada de desprecio. ¿por qué ocurre esto? Realmente no lo se, pero dentro de mis posibilidades está el simple hecho de que son hombres, y, según es y lleva siendo aceptado desde siempre, superiores a nosotras. Supongo que será por la necesidad de sentirse por encima, por creer que faltandonos al respeto crearán en nosotras sensación de deseo. Pero lo que producen en mí es, sin embargo, incomodidad, inseguridad, asco, miedo.
    La conclusión es obvia, no podemos tolerar que se nos siga hipersexualizando ni permitir que intenten llamar nuestra atención del mismo modo que se hace con las mascotas. Ahora bien, las ideas están claras, si, pero llevarlas a cabo es otro asunto. Por ello, personalmente y muy a mi pesar, he de admitir que todas las ocasiones que he sido víctima de este tipo de acoso, no he sabido o no me he atrevido a responder.
    Pero, y esta si es mi conclusión, aprenderé a hacerlo, y me hare un favor a mi misma porque, una vez más, callar no es la solución.

    Isabel Gómez Godoy. 2º bachillerato A

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  7. Alejandro Rodríguez11 de abril de 2017, 9:30

    Día a día, podemos escuchar con frecuencia frases como “Las damas primero”, “Mujer tenía que ser”… y sin embargo no le prestamos la suficiente atención. La discriminación empieza en el lenguaje utilizado en nuestro entorno ya sea laboral, escolar o simplemente social. Porque el lenguaje determina la forma con la que expresamos lo que realmente sentimos y lo que nos ha sido enseñado a lo largo de nuestra vida y es por ello por lo que a veces no reparamos en el significado que tiene lo que decimos y en lo que implica. A esto se le une el lenguaje no verbal del que tampoco nos percatamos.
    La capacidad de empatizar con las personas es lo que nos da conciencia de los que realmente está sucediendo. Es por ello por lo que en nuestra entrada en el blog, el compañero se ha visto obligado por las circunstancias y se ha puesto sin querer en el lugar de las mujeres que fue como desgraciadamente se sintió. Personalmente pienso que es muy dura la expresión “me he sentido como una mujer” porque ello lleva implícito el saber que las mujeres se sienten así en situaciones semejantes y así se han sentido a lo largo de la historia. El respeto por todas las personas es fundamental para una buena convivencia ya sea hombre o mujer. Creo que ha llegado el momento de no permitir este tipo de situaciones, de luchar más duramente que nunca para su erradicación y de repudiar a todo aquel que las provoque.
    Desafortunadamente, es muy triste que nos haga falta leer entradas como esta para llegar a darnos cuenta que la lucha contra el machismo no es únicamente una lucha a favor de los derechos de la mujer, sino de una lucha CONJUNTA por la igualdad de género, tanto por parte de mujeres, como de hombres…

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  8. Un día cualquiera caminas por la calle de camino al trabajo, sin importar tu vestimenta, ni el lugar, ni la hora, y te chocas (por que no es algo predispuesto ni deseado) con el taxista pervertido que te mira de arriba abajo, un par de desgraciados que te sueltan una retahíla de barbaridades, el borracho de turno que se te acerca y te dice “que guapa eres” y el chulillo de la pandilla que te empieza a silbar a ver si caes en la tentación de mirar.

    Y cuando por fin llegas, creyéndote a salvo de todo comentario (para ellos halagador, pero que para nosotras tan incómodo resulta) te encuentras con más de lo mismo, más de la misma clase de “halagos”. Porque tu jefe te ha dicho hoy lo guapa que vienes y no se te ocurra reprochárselo.

    Les encantan escupirnos piropos, esa sarta de absurdeces e insultos presuntamente cortejadores, que sin más son una invasión del espacio personal de la mujer. ¿Quién le da a esa gentuza el derecho de invadir nuestra intimidad?

    Efectivamente ese es el pan de cada día de las mujeres, lo que para algunos es un mero asunto de palabras, pero que va mucho más allá. Porque a la hora de recriminárselo, son ellos los que se hacen los ofendidos, los que se ponen a la defensiva, y justifican estos actos como actos de amabilidad. ¿Es que acaso deben pasar ellos por esta clase de situaciones para darse cuenta? ¿No es suficiente con nuestras opiniones y quejas?

    Si esta es la única forma de hacer ver la gravedad de este asunto, al que se le quita hierro e importancia, no se la deseo a nadie. Porque nadie merece pasar esos malos tragos, por gente que ha tomado tragos de más. Porque nadie debe sentirse acosado.

    Tu libertad termina donde empieza la del otro.

    Sara Ruiz Gallardo 2º BACH A

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  9. Situaciones como la que ha descrito Fernando del Águila en su entrada suceden día a día en la vida de una mujer. Ir andando por la calle y sentir que un hombre nos escanee de arriba a abajo con total atención y poniendo en función las neuronas que le quedan y luego aguantar el comentario grosero que le precede. Gracias a esto el hombre se siente realizado, algo así como el más macho, además, hay que añadir el apoyo de su compañeros con palmadas en la espalda celebrando el triunfo. Y así es como el ego de esos ermitaños aumenta.
    Situaciones como estas hacen que me avergüencen primero de la poca educación de la personas ya sean hombres o mujeres los que realicen esta acción, aunque por lo general son los hombres y lo que más me duele es que haya mujeres que consientan eso porque ninguna debemos de aguantar que nos califique por nuestra ropa, nuestro maquillaje o por cualquier otro aspecto. Además en estas situaciones comprometidas juega un gran papel el tono porque una frase con diferentes tonos cambia mucho. Estos comentarios suelen ir en tono chulesco como si la mujer tuviera que agradecer que el hombre se fije en ella y encima le comente. Y si se da la situación en la que la mujer planta cara a los hombres, os sentís como dolidos de que no aceptemos vuestros comentarios, es como si vuestra personalidad de machitos cayese, pero eso no puede pasar, entonces viene el típico comentario de “uy, al final no era tan guapa” y vuestro ego queda al nivel que queréis. Pero queridos hombres, no nos vamos a sentir ni más guapas ni más deseadas por el simple hecho de que alguien nos chiste por la calle, sino que no sentimos como objetos y ridiculizadas ante la situación. El objetivo de mi paseo por la que calle no es gustarte a ti, las mujeres no nos arreglamos para que un hombre nos diga por la calle algún comentario, nos vestimos como queramos y lo hacemos para gustarnos a nosotras mismas y tú no eres el por qué mis actos.
    Como he dicho antes, el tono influye mucho porque un comentario con tono chulesco pasa a ser la situación nombrada anteriormente, pero si comentamos algo con un tono de persona normal queda en eso, una simple apreciación de la realidad y en ningún momento hace falta decírselo en la propia cara a la persona porque tú no eres su razón de existir.

    Esperanza Uceda Rodríguez 2ºBach A

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  10. Una idea que puede apreciarse en al anterior fragmento es que conforme las niñas van creciendo cada vez quedan más expuestas a situaciones como la que las que se ha relatado, suelen ser situaciones incómodas,y normalmente realizadas por parte del sexo contrario. Aunque este tipo de situaciones no solo pasan de hombres a mujeres sino que también al contrario, pero son más comunes en el primer caso.

    Si hablo desde mi experiencia como mujer que es parcialmente corta, puesto que hasta hace relativamente poco todos los de mi generación éramos niños.He podido notar un gran cambio en la forma de actuar de algunos hombre,y digo algunos porque no todos tienen que ir en el mismo saco.Creo que mi opinión es común con muchas de las mujeres cuando digo que entorno a la adolescencia, conforme empiezas a ser una “mujercita” comienza a percibirse el cambio en la actitud masculina en los hombres , o bien por hecho de hormonas o bien porque estás en la juventud de la vida, y eso les llama la atención.

    Entorno a esta edad que suelen ser los 12 o 14 hay un gran cambio que se nota,por ejemplo en los chicos de tu edad,estos comienzan a fijarse en ti, a quieren ligar contigo...Poco después conforme vas creciendo,y vas pasando la pubertad y ya estas mucho mas “guapa” por ser calificado, los niños comienzan a tener una actitud mucho más inclinada a lo físico.

    Como mujer he pasado por todas esas etapas pero, en la actualidad es cuando mas me estoy dando cuenta de muchas cosas que nos ocurren diariamente que son “parte de la vida de una mujer”.Son hechos cotidianos como por ejemplo ir por los pasillos de un instituto y que te miren de arriba abajo, varias veces y descaradamente, o que por la calle los coches( normalmente conducidos por chicos jóvenes ) te piten, o comentarios como “estas muy buena “ o cosas por el estilo, que cada mujer suele pasar casi a diario durante muchos años de su vida.Son situaciones muy incómodas para algunas mujeres, otras simplemente las ignoran , o como yo hago la mayoría de las veces responden desde una actitud borde.

    Estas solo suelen ser las situaciones diarias porque si nos ponemos ha hablar de alguna fiesta o celebración por el estilo, hay muchas más situaciones incómodas.Como por ejemplo, el caso del típico hombre pesado que no te deja en paz en toda la noche aunque tu le hayas dicho mil veces que no se te acerque mas, pero como va borracho no te echa ni cuenta, y encima como tengas mano dura y le contestes fuerte encima te descalifica.

    Hay muchos tipos de situaciones incómodas por las que toda mujer desgraciadamente tiene que pasar a lo largo de su vida, como la que ha relatado anteriormente mi compañero Fernando. Desgraciadamente estas situaciones han pasado,siguen pasando, y seguirán pasando durante muchos años.Esto se debe a que es un problema de la educación de todos, puesto que muchos hombres en la actualidad ven a la mujeres como un simple objeto que solo sirve para lo que sirve, y he de decir que en la mayoría de casos las propias mujeres también ayudamos a agravar dicho problema descalificándonos entre nosotras solo por la longitud de una falda o las parejas sexuales de alguien. Son cosas en nuestra sociedad , supuestamente igualitaria, que no son semejantes en hombres como en mujeres , y por desgracia es algo que tardará en solucionarse.

    ISIS GUISADO MOMPARLER 2º BTO A

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